15 de marzo de 2009

Stenie Huguenin, "la relojera suiza"



Raúl Arroyo publicó en El Sol de Hidalgo un artículo titulado “La relojera suiza”, que es la historia de Stenie Huguenin, primera esposa de Pompeyo Cravioto. A continuación, una transcripción del texto, cuyo original puede consultarse en http://www.raularroyo.com

 
PERSONAJES DE PACHUCA
LA RELOJERA SUIZA
Raúl Arroyo

Como tantos europeos en el siglo XIX, Paul Huguenin dejó casa y familia en Framelan, Cantón de Berna, con destino a América. Quizá las noticias de la bonanza producida por la plata lo trajeron a este mineral, hacia mediados de los años ochenta del siglo XIX, con ningún patrimonio, sólo su oficio de relojero para probar suerte. Sin hablar el castellano y con una mesa de trabajo en las rodillas se estableció en los portales de la Plaza de la Constitución para dar servicio a los escasos pachuqueños que entonces contaban con un reloj.

Cuando por la novedad de los buenos servicios que ofrecía se consideró con ingresos suficientes, mandó por su familia a Suiza. Sofía Chatelain, su esposa, y las hijas Stenie y Eloísa, entusiasmadas por la información recibida desde México, arribaron a Pachuca. Alegres por el clima similar al de su tierra, lo que no encontraron fue el próspero negocio anunciado por el jefe de la familia; pero el desengaño no fue suficiente para desanimarlas.

Stenie, con los conocimientos de relojería aprendidos en Newchatel, población cercana a la frontera francesa, famosa por su industria relojera, se trasladó a la Ciudad de México para trabajar en la afamada joyería La Esmeralda. De regreso a Pachuca emprendió por su cuenta el negocio; modestamente primero, su tesón le permitió abrir en poco tiempo un establecimiento propio. Después pudo adquirir una casa en la Plaza de la Independencia para habitarla y abrir las puertas de la Relojería Suiza “El Brillantito”. Ya exitosa invitó a venir a su amiga Joane Rose Grazziano Bladenier y ésta, convencida de la prosperidad de la región animó a sus padres a seguirla junto con toda la familia.

Luego sucedió la tragedia. Aventurero como era, Paul Huguenin murió ahogado en un balneario del estado de Puebla al tiempo que Sofía sufría de graves quemaduras al prenderse su falda con el fuego de la estufa. El accidente de la madre, igualmente mortal, impidió a las hijas ir a reconocer y trasladar el cadáver del padre a esta ciudad.

Huérfanas, las hermanas quedaron “al respeto” de Louis Vicent Grazziano Barberis, el relojero suizo proveniente de La Chaux-de-Fonds, radicado ya para entonces en la ciudad. Eloísa, casada con un francés, tuvo dos hijos y decidió regresar a Berna donde siguió sufriendo los malos tratos del marido. Su rastro se perdió pasados los años. Una última postal informaba a su hermana el sitio de su residencia. Después nada. Quizá la guerra…

Dedicada a su poco competido negocio, la vida de Stenie cambió rápida y abruptamente. Enamorado de su belleza, Pompeyo, primogénito del gobernador Rafael Cravioto le propuso matrimonio. Ajeno al romance, el señor Grazziano no dudó en advertir al pretendiente, pistola en mano, que la joven no por falta de familia estaba sola. Para evitar habladurías, dada la orfandad de la novia y conforme a las costumbres de la época, el hijo del general pidió a su padre enviarlo a otra población en tanto se realizaba el enlace. Más pragmático, el gobernador determinó un matrimonio a la brevedad, para lo cual ordenó al jefe político la dispensa de las publicaciones requeridas por el Código Civil. En pocas horas los contrayentes fueron declarados marido y mujer en ceremonia celebrada en el Palacio de Gobierno por el presidente municipal Nemorio Andrade, según consta en el acta de fecha 22 de mayo de 1895. La atractiva relojera suiza pasó a formar parte de la familia más poderosa de la región, a la cual dio tres miembros más: Sofía, Pompeyo y Eduardo. La dicha duró poco, ni siquiera una década.

Originaria de una región caracterizada también por la cría de caballos, Stenie era buena amazona; competía en las carreras de El Hiloche y, amante de la naturaleza, en caballo recorría diario el tramo que separaba su casa, en la esquina de Guerrero y Bravo, para llegar a un pequeño rancho en las faldas del cerro de Cubitos, regalo de su acaudalado marido.

Cuando a los 28 años, el 14 de septiembre de 1902, murió víctima del tifo, con tan altas temperaturas que le hicieron estallar los brillantes ojos, el doctor Agustín Navarro Cardona explicó a la familia la probabilidad de que en el campo hubiera contraído la infección trasmitida por el piojo. Su habitación mortuoria hubo de ser desmantelada e incinerada toda la ropa para evitar el contagio.

Esta es una de tantas historias de extranjeros que en estas tierras echaron raíces, dejaron descendencia y un párrafo significativo para la escritura en las páginas de su pasado.

Foto. De izquierda a derecha: Pompeyo Cravioto Huguenin (en brazos), Stenie Huguenin, Pompeyo Cravioto Calva y Sofia Cravioto Huguenin

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