5 de mayo de 2012

Un gobernador hidalguense en la Batalla del 5 de Mayo II

(Viene de la primera parte).

Vamos a ver ahora algunos detalles que comprueban la participación de los ahora hidalguenses en dicha gesta heroica.

Miguel Negrete: "Yo tengo patria antes que partido"

Uno de los generales más importantes en dicha batalla fue Miguel Negrete. A este general, como veremos más tarde, asistió el entonces coronel Rafael Cravioto que había acudido a Puebla para la batalla con sus hombres de Huauchinango, Puebla. Este es el gobernador hidalguense que peleó el 5 de mayo. Por supuesto en ese momento ni él mismo imaginaba que sería gobernador de un estado que a la fecha de la Intervención Francesa no existía aún.

Veamos quién era el general Miguel Negrete: había sido un general del Partido Conservador, pero durante la Intervención Francesa en México, Negrete hizo a un lado su ideología conservadora y participó en la defensa del territorio mexicano. Ante el avance de las tropas francesas hacia el centro de México, Negrete reacciona y se pone de parte del bando liberal con su célebre frase "Yo tengo Patria antes que Partido".

Unido al ejército republicano y a las órdenes del general Ignacio Zaragoza, ambos se cubren de gloria en la batalla de las Cumbres y en la batalla de Puebla el 5 de mayo de 1862, llegando a ser considerado como el segundo héroe de dicha batalla al defender el fuerte de Loreto. Al respecto, Ernesto de la Torre comenta:
Negrete, con mil 200 soldados y dos baterías de campaña y montaña, defendía las alturas y fue quien llevó el peso de la batalla y a quien se debió el triunfo, auxiliado heroicamente por todos sus compañeros, dirigidos certeramente por el general Ignacio Zaragoza. El coronel Rafael Cravioto asistió al general Negrete en este frente desde el principio hasta el fin de la lucha.
Antes de pasar a conocer cuál es la trayectoria del Rafael Cravioto hasta arribar a su participación en el 5 de mayo, veremos la presencia de los pachuqueños en la batalla que analizamos.

Ya vimos en la composición del Ejército de Oriente que se encuentra muy clara la presencia de los carabineros de Pachuca que, de acuerdo a la crónica de la batalla, eran de a caballo. Así que de esta ciudad hubo una amplia colaboración, histórica además en este gran acontecimiento.


Los Carabineros de Pachuca

Poco tiempo antes de la gesta de Puebla, precisamente el día 20 octubre 1861, los generales Santiago Tapia e Ignacio Zaragoza derrotaron por completo al general Leonardo Márquez, que perdió casi todos elementos de guerra y habiéndose presentado a batalla nuevamente unido a Zuluaga con tres mil hombres, volvieron a ser derrotados por el general Santiago Tapia a quien asistía el general Ignacio Zaragoza.

A continuación, el relato de esta batalla realizada en el camino de Pachuca a Real del Monte, narrada por uno de los jefes en un parte que rindió a sus superiores:

Informe de la batalla de Real del Monte que hace el general Ignacio Mejía al General Zaragoza. Se elogia la táctica militar de Zaragoza.
El 19 A las tres de la mañana salimos de esa Capital y llegamos a Tizayuca a las cuatro de la tarde reuniéndosenos media hora después la Brigada de San Luis. Allí se dieron unas horas de descanso y a la una de la mañana del siguiente día emprendimos nuevamente la marcha hacia Pachuca donde teníamos noticia que había llegado el enemigo el día 19. Tres leguas antes de llegar a esta población supimos que los enemigos todavía la ocupaban y al momento determinó el Sr. Gral. D. Santiago Tapia que continuara yo la marcha con la infantería mientras él se adelantaba con las caballerías á impedir la fuga de los enemigos dejándome las instrucciones con que debía atacar la población si se lograba entretenerlos en ella. No tubo efecto este primer plan porque los enemigos sacaron anticipadamente sus infanterías hasta Real del Monte, y de allí las trajeron a situar sobre las mejores posiciones del camino que como Usted sabe esta precisado a una cuesta de dos leguas de distancia dominando preminencias que forma el espinazo del cerro en cuya falda está abierto el camino. Escogidos sus puntos dejaron la caballería en esta población para atraernos con ella al ventajoso campo de batalla que habían escogido.

En este orden se les tomó la primera posición de la que se replegaron a otra eminencia inmediata que era su mejor posición; allí, resistieron los enemigos por más de una hora haciendo un fuego tan nutrido que un solo instante no tubo de interrupción, y á la vez era protegido por continuas cargas de caballería sobre el camino y de dos piezas pequeñas que tenían sobre la altura. En la cima mandaban la línea el Gral. C. Porfirio Díaz sobre la izquierda y tenia a sus órdenes al Tente. Corl. del ler. Bn. Alejandro Espinosa y del 2o. C. Francisco Loaeza: en el centro el Corl. de Rifleros Vega auxiliado por el Corl. Álvarez de Carabineros y en la derecha mandaba yo teniendo a mis órdenes al Tente. Corl. D. Macedonio Muñozcano. Para forzar esa posición fue preciso ayudar los esfuerzos de infantería y artillería con una carga de Carabineros sobre la cima y con una parte del Escuadrón.

Los que avanzaron las infanterías al mando de su jefe D. Félix Díaz y de este modo se tomó por el camino la posición, y en ella la artillería del enemigo. Desde un punto ya no pudieron hacer una resistencia ordenada: se les siguió batiendo en todas direcciones hasta dispersarse completamente su infantería de la que no quedó parte compacta. La fuga de los cabecillas se efectuó por el camino de Real del Monte protegidos de su caballería que aunque sufrió grande descalabro les iba cubriendo la retirada. Nosotros continuamos hasta el mismo Real del Monte y de allí pasé con los Batallones de Oaxaca. y Cuerpo de Carabineros una legua mas adelante hasta donde perdimos de vista los restos de caballería.

Tal ha sido esta acción reñidísima que empezó formalmente desde las doce del día y terminó hasta las seis de la tarde. En el combate se han distinguido el Gral. en jefe por sus acertadas disposiciones y todos nuestros jefes y oficiales, pues a la competencia se esmeraron en cumplir para alcanzar un resultado tan satisfactorio y que presentaba dificultades tan graves.
Dice el mestro Rublúo, presidente de nuestra academia, en su trabajo denominado “Carabineros a Caballo de Pachuca en la Batalla del Cinco de Mayo”, que es muy probable que en la estancia de Zaragoza en Real del Monte haya conseguido el aprecio de los soldados locales que inmediatamente se unieron a las fuerzas del cuerpo del Ejército de Oriente el año siguiente para defender la plaza de Puebla en la histórica batalla. Un soldado que participó en la batalla de Puebla y que después, pasando los años se hiciera novelista, escribió la novela El Sol de Mayo refiriéndose por supuesto a la batalla del 5 del mismo mes. Su nombre era Juan A. Mateos, en ésta menciona claramente a los Carabineros de Pachuca y como tenían su relación con Ignacio Zaragoza. Respecto a don Ignacio, dice Rublúo, citando a Ignacio M. Altamirano, que: “su escuela militar databa de tres años en la Guerra de Reforma, Zaragoza sufría la intemperie y estaba acostumbrado a la vida activa, trataba a todos como si fuesen familia, amaba a sus soldados y pudo conocer a todos y con mayor razón a los jefes.”

Tenemos consecuentemente la persuasión de cómo con los Carabineros de Pachuca incluido el célebre dragón minero Juan Kampfner le resultaron de cierta intimidad militar ya que los atrajo cuando anduvo por el mineral de Pachuca meses antes y de estos carabineros resultó histórico y documentalmente fácil observar como se comportaron durante la batalla. Si nos vamos a los partes de la guerra, dice el licenciado Rublúo Islas que Zaragoza precisamente dispuso desde el principio la posición en la que determinó ocupar a los de Pachuca. Dice el parte de Zaragoza que: “al amanecer del día 4 mayo hace una sola columna de caballería con 550 caballos al mando del general Antonio Álvarez [este general era el jefe de los carabineros de Pachuca] designando para su dotación una batería de batalla.” Dicho contingente de caballería contenía a los nuestros. Los carabineros resguardarían precisamente los fuertes, al frente el de Guadalupe y aún el de Loreto en ambos cerros o lomas. Al revisar el parte de guerra del general Antonio Álvarez que dice: …”recibí nueva orden para colocar en paraje conveniente el cuerpo permanente de carabineros” y en el mismo documento en parte anterior dice: “pero siendo necesaria la presencia de una parte de esta caballería a inmediaciones de los cerros Guadalupe y Loreto que se hallaban fuertemente atacados por enemigos de la Patria”. Por otra parte el general Felipe Berriozábal dijo en su parte militar que: “la presencia y el arrojo con que el valiente General Álvarez cargó en el poco terreno de que podía disponer bastó para que el enemigo no volviera su ataque de frente”, esto quiere decir que la medida tomada por los Carabineros de Pachuca fue la acertada. El propio general Álvarez directamente responsable de los Carabineros de Pachuca dijo también: “Omito a usted hace recomendación especial de alguno de mis subordinados porque me consta que todos ellos empeñaron en cumplir con su deber”. Más adelante el maestro Rublúo nos comenta que afortunadamente dichos soldados del cuerpo resultaron prácticamente ilesos.

 


Juan Kampfner

En este cuerpo de carabineros se encontraba un coronel que participó en el combate. Juan Kampfner se llamaba y aparece entre los jefes asistentes a la batalla que sobrevivió en años a la misma y fuera de dicho registro de nóminas no es mencionado en ningún otro documento, pero queremos hacer una semblanza en homenaje a Juan Kampfner, ciudadano realmontense seguramente descendiente de los británicos llegados a Real del Monte en 1824. De familia minera fue, no obstante, hombre inclinado a andar a caballo y después con disposición hacia la milicia; se dio de alta en los ejércitos liberales, de acuerdo a sus principios; conoció al general Santiago Tapia y a Ignacio Zaragoza en la batalla contra Leonardo Márquez en el camino de Pachuca a Real del Monte. Y seguido se le recuerda como un general tal vez brigadier, pero alto jefe capaz y valiente, de estatura más alto de lo regular, semblante de facciones recias, ojos azules y barbado, de ágiles movimientos y afable trato, digamos carismático, que sabía convocar, según observamos. Asistió a la batalla del 5 mayo 1862 con el grado de coronel.

También lo menciona don Abraham Pérez López en su Diccionario Biográfico Hidalguense, aunque un poco más breve, diciendo que Juan M. Kampfner nació en Real del Monte el 4 de mayo de1840, combatió y venció a grupos reaccionarios que pretendieron desconocer al presidente Juárez, murió en la Ciudad de México el 27 de noviembre de 1875. También el desaparecido pero admirado y recordado cronista de Real del Monte, don Luis Jiménez Osorio dice que:…"afiliado al Ejército Republicano operó en El Chico, Apam, Pachuca, Ixmiquilpan y Tulancingo. Combatió a los bandoleros Noriega Fábregas, Lozano, Domínguez y Landeros y Vega que merodeaban por esos lugares”…

Por lo tanto pregunta el maestro Rublúo, ¿qué tanto de la gloria de las armas del supremo gobierno que se habían cubierto de ella es de los Carabineros de Pachuca? Él mismo responde: No es necesario pensar mucho, están en la gloria nacional e histórica más cuando dice el general Zaragoza en el siguiente telegrama dirigido al señor presidente Juárez el 5 de mayo a las 7:32 de la noche:

Señor Presidente: Apreciable Señor y Amigo, estoy muy contento con el comportamiento de mis generales y soldados. Todos ellos se han portado muy bien.

Termina Rublúo diciendo: “Nuestros carabineros andan también en la novela de Mateos” y por supuesto añadimos, están en la historia de México, en la gloriosa gesta de la batalla de Puebla.


El general Rafael Cravioto

Nació en la ciudad serrana de Huachinango en 1829, pocos años después de la consumación de la independencia. Desde muy niño sintió atracción por la carrera de las armas y aunque su padre, el italiano Simón Cravioto, lo quería inducir a que estudiara y practicara la carrera de la administración de los negocios y la teneduría de libros, para lo cual contrató al Sr. Lic. Atenógenes Castillero a quien se le encargó la educación del pequeño. Al respecto dice su biógrafo Tomás Martínez Barragán que: el maestro siempre manifestó al padre del niño Rafael que estaba satisfecho en los adelantos de su educando, pues el niño manifestaba disposiciones del todo excepcionales por lo que el maestro comentaba que el niño debía seguir una carrera literaria. Él escuchaba casi con indiferencia las largas pláticas que se encaminaban a prepararle un porvenir muy distinto al que él soñaba dada su energía y su carácter. Él sentía en su fuero interno inclinación al campo de las armas; un cariño singular a la milicia que en él se iba a raíz dando más y más conforme avanzaba su desarrollo hicieron comprender a don Simón hacia donde se dirigía la afición del niño y comenzó a combatir aquellas ideas con toda la dulzura de un padre emplea en estos casos.

Un suceso inesperado muy pronto vino a poner a prueba la inclinación del niño y a comprobar el temple de su alma. En 1836 tendría apenas ocho años de edad cuando una fuerza de sublevados atacó la entonces Villa de Huauchinango, que el grupo de descontentos procedía de la Sierra Norte de Puebla capitaneando por los jefes Olarte, Díaz y Vaquier. Huauchinango era defendido por el coronel Pedro Ponce. La lucha fue tenaz y vigorosa por ambas partes. Se cuenta que el pequeño Rafael vio la oportunidad de participar en un acto muy acorde con sus ilusiones y de acuerdo con su edad; como no podía manejar un fusil, repartía parque entre los defensores de la villa que obtuvieron el triunfo al final del combate, así pasó la primera prueba el aspirante a la carrera de las armas.

El señor Simón Cravioto insistió en que Rafael trabajara en el comercio y así, aprovechando su fortuna y sus relaciones comerciales, quiso iniciarlo en otra actividad. El joven Rafael disciplinado al padre trabajó en la administración de los negocios de don Simón, pero en sus ratos libres se dedicaba a la lectura de grandes viajes y conquistadores del viejo y nuevo mundo.

En poco tiempo se presenta la injusta invasión norteamericana y muchos cuerpos improvisados se aprestaron a la lucha movidos por un natural patriotismo y enojo contra el invasor. Según nos relata Tomás Martínez:
Se organiza un batallón, el Onceno, mismo que se ofrece al Estado de Puebla en defensa de la Patria. Comandaba a este grupo de esforzados hombres el coronel Don Miguel Andrade quien otorgó el grado de capitán de la compañía de cazadores al joven Rafael Cravioto Pacheco de apenas 20 años de edad. Esta vez la suerte estaba decidida y no hubo fuerza alguna que lo separara de su propósito, así daba aplicación a los conocimientos adquiridos en los libros que había tenido a su alcance y que fueron fuente de su inspiración guerrera y patriótica. Cabe consignar que el señor don Simón, padre del novato capitán lejos de querer retirar a su hijo de los peligros de la milicia lo exhorta a que cumpla con su deber y aquel buen padre cuyo corazón se despedaza ocultando sus tristezas arenga a su hijo haciéndolo salir del mostrador y lo presenta ante sus compañeros que lo reclaman con voces cariñosas y entre aplausos llenos de regocijo emprenden el camino que les ha marcado el destino. Al llegar a la ciudad de Puebla empieza el combate contra una columna de invasores norteamericanos que se replegaba en la iglesia de San Juan de Dios. Hay que hacer notar que en este hecho de armas aparece por primera vez junto a Cravioto el valiente Sargento Miguel Negrete; ambos tuvieron así su primer bautizo de fuego. Un testigo presencial relata esta escaramuza de la siguiente forma: “con fuerzas del batallón de Zacatlán y del primer activo de Puebla a las órdenes del Coronel Don Ramón Márquez atacan nuevamente las posiciones enemigas y son rechazados sufriendo innumerables bajas siendo perseguidos, pero el destino, la suerte o la casualidad hacen que el joven Cravioto llegue con su compañía en esos momentos en auxilio de los desbandados a quienes organiza y arenga reanudando el ataque con tal furia que hacen retroceder al enemigo a sus antiguas posiciones. Este rasgo de valor y audacia en un capitán novel, valió a Cravioto felicitaciones calurosas de parte de sus superiores y aún de los viejos militares que se enteraron de este hecho.
Así que tenemos pues al capitán Rafael Cravioto a los veinte años de edad ya defendiendo la misma ciudad en donde años después sería la famosa Batalla del Cinco de Mayo. Como todos sabemos a pesar de la bravura y del empeño con que se defendió a la patria, los invasores norteamericanos no solamente lograron llegar hasta la Ciudad de México y a alzar su bandera en la ahora Plaza de la Constitución sino que con el poder de las armas forzaron a que firmáramos el oneroso e injusto Tratado de Guadalupe por medio del cual México cedía más de la mitad de su territorio a los Estados Unidos de Norteamérica en un acto que a pesar de haber ya pasado más de 150 años sigue siendo para nosotros los historiadores y los que nos dedicamos a auscultar el pasado una afrenta que no tiene parangón.

Concluidos aquellos acontecimientos tristes de la derrota por parte del invasor a los mexicanos, el coronel Miguel Andrade regresó con sus fuerzas al punto de su proceder. Para entonces Cravioto gozaba ya de gran prestigio entre sus subordinados y el aprecio del comandante en jefe. Él por su parte se reintegró a su domicilio dedicándose a la vida privada.

Cravioto no congeniaba con el partido que pretendía encumbrar y sostener a Santa Ana, así que en cuanto se presentó la oportunidad se levantó en armas para secundar el Plan de Ayutla que había proclamado el general Juan Álvarez. La llamada Revolución de Ayutla obligó la salida de Santa Ana y el encumbramiento de Ignacio Comonfort quien a su vez premió a Cravioto nombrándolo
Comandante de Batallón en 1856.

Cravioto participa a partir de entonces en todos los movimientos militares y políticos que se suceden en el país siendo siempre un liberal y republicano consumado. Defiende a Comonfort contra la rebelión de Osorio Guitan y Gutiérrez, quienes con la proclama “Religión y Fueros” pretenden derrocar al presidente Comonfort. Son derrotados y todo termina con la toma de Puebla por fuerzas leales al presidente a la que asiste Cravioto por segunda vez en apoyo a fuerzas liberales.

Cuando Comonfort da el famoso golpe de estado contra su propio gobierno para cambiar de bando, Cravioto que se encontraba en Huauchinango en sus actividades privadas, se levanta contra los que apoyan el golpe de Comonfort y derrota con sus fuerzas a los enemigos siendo por estos hechos felicitado por el general Alatriste, quien le otorga el grado de Teniente Coronel.

Más tarde Cravioto recibe un despacho del puerto de Veracruz en el que el presidente Benito Juárez le otorga el grado de Coronel y en este grado sostiene varios combates que lo acreditan como uno de los militares liberales más efectivos y con una gran lealtad a la causa. Participa con sus fuerzas en batallas como la de las Cumbres de Acultzingo en donde junto con el general Alatriste combate a Miguel Miramón obteniendo por su parte un triunfo parcial ya que por otro lado fue derrotado ahí mismo el general La Llave.

En Real del Monte traba batalla contra el general Escobar y el coronel Paredes y después de una hora de combates, logra hacerlos huir y los derrota definitivamente en Huahuaxtla y después en Apulco.
El conservador general Gutiérrez con destacamento en Tulancingo ordena salir a contener a las fuerzas del liberal general Manuel Fernando Soto a quien casi derrotan hasta que la llegada de las fuerzas del coronel Cravioto en un momento tan difícil dando el triunfo al doronel Manuel Fernando Soto.

Concluidos estos episodios que pertenecen a la Guerra de Reforma triunfantes los soldados liberales por la memorable acción en Calpulalpan que vino a dar fin a aquella guerra sangrienta y fratricida el coronel Rafael Cravioto fue nombrado jefe político y comandante militar de los distritos de Zacatlán y Huauchinango considerándose la persona más idónea para perseguir los restos de las fuerzas reaccionarias que por aquellos puntos merodeaban.

Iniciada la guerra de intervención a fines de 1861, levantó Cravioto una fuerza de mil 200 hombres y con ella se presenta en Puebla dispuesto a la defensa de la patria. Recibe órdenes de marchar unido al general Alatriste y asistirlo en el combate a librar en Matamoros de Izúcar contra tres mil 500 enemigos que acaudillaban Márquez, Zuloaga, Cobos, Mejía, Montaño y otros cabecillas conservadores, las armas nacionales tuvieron que sucumbir ante el mayor número y el poder de los combatientes enemigos. En aquella acción cayó prisionero y fue inmolado el valiente General Alatriste.

El 5 de mayo
Después de esta triste jornada en el que el general Alatriste fue víctima de la rabia de los traidores, habiendo regresado Cravioto a Puebla se encargó del mando de cuatro compañías del Batallón de Huauchinango que allí habían quedado disponibles y como se iniciará al ataque de las fuerzas invasores en aquella ciudad se le nombró para cubrir con su fuerza la línea de San Agustín cuyo centro de operaciones era la Iglesia de ese nombre.

Así las cosas, amaneció la radiante aurora de 5 mayo 1862 y como Cravioto comprendiera que la batalla de ese día, por los movimientos del enemigo, y se habría de efectuar entre los cerros de Guadalupe y Loreto declina el mando del punto encomendado su vigilancia en su segundo el geniente coronel Jaúregui y se presenta directamente en el lugar del combate al lado de los dos generales héroes de esa memorable jornada: Ignacio Zaragoza y Miguel Negrete a quienes sirve desde luego con el carácter de ayudante. Nada nuevo diremos de aquella memorable fecha que México ha escrito con letras de oro en el libro de historia, de que sus soldados desnudos y harapientos dan una severa lección los triunfadores de Magenta y Solferino que fueron la admiración del mundo entero.

Después de la acción del 5 mayo emprende Cravioto la marcha habiendo sido nombrado comandante militar de los distritos de Huauchinango, Zacatlán, Tetela y Zacapoaxtla del estado de Puebla con el objeto de perseguir a los enemigos de la patria en sus correrías y con instrucciones de levantar y organizar guardias nacionales en aquellos distritos. Inmediatamente ataca a las fuerzas del general Gutiérrez haciendo prisioneros a toda su oficialidad y obligando al citado jefe a huir hacia Orizaba en donde se unió a los traidores en aquella ciudad que trabajaban contra la integridad del territorio nacional.

Más adelante el general Miguel Negrete es nombrado gobernador y comandante militar de los estados de Puebla y Tlaxcala y acompañado de Cravioto en Huauchinango logra en muy poco tiempo organizar una división compuesta por cuatro mil hombres cuya primera brigada pone a las órdenes del coronel Cravioto confiriéndole en ese momento (1863) el grado de General de Brigada en uso de las facultades de que estaba investido. Como el general Negrete fuese obligado a marchar a San Luis Potosí por parte del gobierno liberal de don Benito Juárez, deja el gobierno y comandancia de Puebla y Tlaxcala a cargo del general Rafael Cravioto, quedando así éste comprometido a defender todos los distritos de la zona norte de la Sierra de Puebla que hasta entonces no habían logrado ocupar los invasores delegando en su persona por parte del general Negrete las facultades de que estaba investido para todo lo concerniente a la defensa y el gobierno de aquellos pueblos.

Hemos querido recordar parte de las acciones militares de Rafael Cravioto Pacheco para demostrar que su arribo al gobierno del estado de Hidalgo aún siendo él oriundo de Huachinango, Puebla, es un acto merecido después de muchos año de luchas importantes que él vino librando desde los 20 años de edad contra los norteamericanos hasta en la guerra de Reforma y en la Batalla del 5 Mayo y en posteriores enfrentamientos y sobre todo el sostenimiento del ideal republicano en la Sierra Norte de Puebla mientras duró la intervención francesa y después finalmente al lado de Porfirio Díaz en contra de Lerdo de Tejada.

Al ofrecimiento que el general Porfirio Díaz le hiciera al general Cravioto que estaba en Huauchinango de que se uniera a él en sus luchas políticas, Cravioto le contestó que él estaba a las órdenes del licenciado Benito Juárez, en ese momento presidente de México, y que mientras el señor Juárez estuviera al frente de la República él estaría exclusivamente a sus órdenes. Cuando Benito Juárez murió el 18 julio 1872 el general Cravioto supo que había terminado su misión con él siéndole fiel hasta la muerte. En la correspondencia de don Benito Juárez existen testimonios de la lealtad de General Cravioto a quien Juárez tenía un gran aprecio.

Una vez terminado su compromiso se une a Porfirio Díaz, quien era por muchos motivos merecedor de la investidura presidencial, en el levantamiento en contra de Lerdo de Tejada. En otro trabajo vamos analizar el resto de la vida de Cravioto que llega a Hidalgo en 1876 y permanece él durante el resto del siglo XIX hasta que es sustituido por el por Pedro L. Rodríguez.

Así que la participación de hidalguenses o protohidalguenses en la Batalla de Puebla se concreta en: El Cuerpo de Carabineros de Pachuca; un importante jefe realmontense, el coronel Juan Kampfner, y finalmente el coronel Rafael Cravioto que pasados los años junto con el general Porfirio Díaz, al derrotar a las fuerzas federales de Sebastián Lerdo de Tejada, le fue conferida la comandancia militar y el gobierno del estado de Hidalgo, creado en 1869; aquí el general Cravioto convocó a elecciones y posteriormente fue electo a la gubernatura por eso decimos que es la participación de un gobernador hidalguense en la batalla del 5 de Mayo.

El próximo 5 de mayo, celebramos 150 años de la gesta heroica de Puebla. Este trabajo de la Academia Hidalguense de la Historia que presento con humildad, sea para recordar dicho acontecimiento y la participación de los nuestros en esta batalla memorable.

Gracias
2 de mayo de 2012
Arq. Luis Alberto Corrales Vivar
Miembro de Número
Academia Hidalguense de la Historia

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