7 de abril de 2013

La visita de don Alfonso

El siguiente cuento histórico, escrito por Luis Corrales Vivar, es una recreación de la visita que don Alfonso Cravioto hizo a Pachuca hacia finales de la década de los 30 del siglo pasado. La visita quedó documentada en la revista Cvltvra Hidalguense, publicación dirigida por el profesor José Ibarra Olivares, un entrañable amigo de don Alfonso. En este cuento, Luis Corrales incluye una parte de la "Salutación a Pachuca", un texto poético muy interesante, porque a diferencia de las primeras obras de don Alfonso, la preocupación estética es más por la imagen que por la versificación lo que, para mí, habla de una evolución en su estilo poético.


La visita de don Alfonso
Arq. Luis Corrales Vivar

Eran alumnos del Instituto. Así llamaban a la máxima casa de estudios de Pachuca en la primera mitad del siglo XX. La institución añosa ya para entonces, se localizaba en las calles de Abasolo en el Centro Histórico de la ciudad y era el lugar en donde se desarrollaba la vida académica de todo el estado. Joaquín y Chucho, compañeros de la preparatoria, más comúnmente llamado el bachillerato estaban comentando en las gradas inolvidables de este edificio la visita que haría al día siguiente el embajador Alfonso Cravioto que regresaba a su natal ciudad y aún más a su escuela de la juventud, el Instituto Científico y Literario del Estado.

-Dicen que Cravioto fue invitado por el profesor José Ibarra Olivares y por las autoridades de nuestra escuela-, dijo Chucho, estudiante de la prepa con destino a la carrera de ingeniero de Minas.

-Es que van a premiar a maestros que tienen más de veinte años de labor y aprovechando la ceremonia invitaron al licenciado Cravioto para que diga un discurso-, hablaba Joaquín, a quien los compañeros apodaban Agamenón.

-Dicen que va a venir el gobernador Rojo Gómez.

-Sí, claro, y también asistirá el presidente municipal, general Juvencio Nochebuena.

-Esto se le ocurrió al director del Instituto, el doctor Agustín Torres Cravioto porque dicen que como es su pariente, por eso lo invitó.

-No creo, don Alfonso Cravioto es un personaje, fíjate en su corta vida todavía, ha sido muchas cosas, fue precursor de la Revolución pero de los de a de veras, ya que andaba de jovencito con los Flores Magón y con Juan Sarabia.

-¿Cómo crees? ¿A poco?

-Claro y cuando era alumno del Instituto, cuando aquí mismo tomaba clases, ya era combatiente contra el régimen porfirista a través de sus escritos en los periódicos, no cumplía veinte años y ya era compañero de los Castrejón y los hermanos Bracho, con los que fundó la Corporación Patriótica Privada.

-¡Ah, sí!, precisamente con don Baltasar Muñoz Lumbiere que era su profesor y por quien se llama así nuestro auditorio principal.

-Oye Chucho, ¿tú sabes que nuestro auditorio fue la Iglesia de NS de Guadalupe, durante el tiempo en que fue Hospital de los frailes de San Juan de Dios?

-Sí, claro. De hecho fue el primer lugar de Pachuca en donde se veneró a la virgen de Guadalupe, y la imagen que aquí se encontraba fue a dar a la Iglesia de La Asunción.

-Pues lo de mañana va a estar bien piocha, porque todos esperamos con ansia al licenciado Cravioto. Y es que como te decía su vida ha sido muy fructífera-, decía Agamenón cuando llegó otro compañero, Javier, y les dijo:

-Quiubo cuates, ¿qué traen? ¿A poco no va a haber clases?

-No sí, lo que estamos comentando es lo de mañana.

-Ah sí claro, la visita del embajador Cravioto.

Terció Agamenón diciendo: Cravioto además de precursor de la Revolución, fue revolucionario con Don Francisco I. Madero, diputado a la legislatura maderista y diputado al Constituyente de Querétaro.

Chucho dijo: También fue ministro de Instrucción Pública con Obregón y de ahí se fue de embajador y ahora regresa después de muchos años en varios países.

-Bueno y ustedes, ¿por qué saben tanto del embajador?

Agamenón contestó: Yo, porque es mi pariente y Chucho porque es pariente de su novia y que o que, ¿no te acomoda?

Al día siguiente las cosas se dieron así y hubo una gran sorpresa:

El ambiente era cálido; el Instituto escucharía y ovacionaría el regreso de uno de los ilustres ex alumnos. Al presentarse don Alfonso Cravioto en la Tribuna, sencillo y discreto como era su costumbre, el público lo ovacionó y resonaron jubilosas dianas, él saludó emocionado y trémulo, recordó en un segundo sus andanzas de jovencito liberal e inquieto, sintió el espíritu de don Francisco Noble, percibió el aliento de un Baltasar Muñoz Lumbiere y de los más profundo de su corazón brotaron emocionadas las siguientes palabras:

Pachuca, de las entrañas de plata y de los sentimientos de oro, que extiendes cañada arriba, tu agilidad flexuosa por los cerros.
Pachuca tiarada de magueyes, y enjoyada de chocolines, musical de jilgueros y sonora de besos enlunados.
Pachuca de las calles quebradas y de los hombres enteros.
Pachuca de las palanquetas insuperables y de los dulces de viznaga, de los perales de almíbar y de las tunas capciosas.
Pachuca de los caballos verdes de los patios y de las cuentas rojizas de los pirules.
Pachuca del río amarillo y de los sueños rosados.
Pachuca de los mineros viriles y de las mujeres alucinantes.
Pachuca de los eucaliptos perfumados, los de alcanfor de bíblicos aromas, que envuelven en ambiente del Cantar de los cantares tu jardín enrelojado, alrededor del cual las novias inquietantes dan vueltas como en una ruleta del amor.
Pachuca de los gallos románticos y de las charrascas agresivas.
Pachuca de la feria de San Francisco, búcaro del folclore y ramillete de efusiones populares.
Pachuca del aire bravío y del ímpetu libertario.
Pachuca del trabajo en acción y del pensamiento en obra, conquistadora del presente e incubadora del porvenir.
Pachuca, toda sangre heroica para toda noble causa y todo sacrificio para todo alto deber.
¡Pachuca, madre, novia y maestra!
¡Pachuca, patria comprimida, te beso y te saludo!...

Después de este hermoso y poético saludo, inesperado además, el público se entregó al orador en aplausos y vivas, el auditorio se encendió de admiración y tras larga ovación, el señor Cravioto continuó su discurso lleno de trascendentales enseñanzas a la juventud que lo escuchaba y de un espíritu de orientación definido en el que dejó ver sus cualidades de pensador profundo y claro sociólogo. Fue esta noche un triunfo para Cravioto y el Instituto Científico y Literario del Estado. Pachuca se enorgullecía de recibir a tan preclaro hijo.

Agamenón, Chucho y otros compañeros comentaron al final de la ceremonia:

-Qué bárbaro. No, pues con razón. -dijo Javier.

- Hay que ver si lo podemos saludar de mano. -Propuso Chucho.

- Mis respetos para él…me dejó bien apantallado. -Finalizó Agamenón.

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