17 de noviembre de 2008

El fortalecimiento de la familia, nuestra herencia


Reproduzco a continuación, el mensaje que Carlos Cravioto Cortés pronunció en la comida del pasado 25 de octubre, en Huauchinango, Puebla.



Thomás Carlyle, en afortunada sentencia afirmó:

“Que la historia del mundo es la biografía de los grandes hombres”.


En verdad tengo la firme convicción de que la gran comunidad humana integrante del concierto de las naciones, indudablemente que ha construido las sendas de su presente y de su porvenir, en razón de la fuerza, de la vitalidad, de la voluntad creadora de hombres que con pasión de forjadores, van por el mundo y en el caso que nos ocupa, recorren los caminos de nuestro país, con el anhelo de construir un nuevo y mejor destino para todos los mexicanos.

Empero hay algo más, son seres humanos visionarios, líderes de su pueblo y de su sociedad que en tránsito por la historia de la nación, han dejado sus huellas indelebles a la posteridad para que como en este momento, tengamos oportunidad de recordarlos y con emoción patriótica y familiar, podamos sentirnos orgullosos de su indeclinable vocación para cincelar los perfiles de una nueva sociedad, en la que el arte, la libertad, el amor a la paz y la justicia social, sean los principios rectores de nuestro magnífico porvenir.

Cuánta razón alentaba Gustave Flaubert cuando afirmaba: “Que los seres humanos le tenemos temor al futuro y por tanto, no nos atrevemos a desprendernos del pasado, mientras que el presente se escapa inexorablemente de entre las manos rápida y lamentablemente”, es por ello que ante esta verdad que nos aturde, la figura señera de idealistas, de soñadores, de grandes personajes como los que integran a la familia Cravioto, se destacan inmensamente y se convierten en los grandes conductores del destino de nuestros pueblos.

El estado de Puebla ha tenido la fortuna de ver nacer en su espacio y en su tiempo a los descendientes de Simón, el primer Cravioto llegado a México para traernos los aires vivificantes y la sabiduría del viejo continente hacia los principios del siglo XIX y después, Hidalgo vio crecer y madurar a otros Cravioto, quienes con profunda devoción han trabajado en la política y en la cultura para consolidar a esta gran familia que hoy nos convoca para recordar con profusión a todos nuestros parientes que han contribuido en una y en otra forma al engrandecimiento de nuestra patria.

Adicionalmente a lo expresado, vale mencionar que por encima de los valores históricos y personales de nuestros ascendientes, ellos con su quehacer cotidiano han logrado consolidar a una institución que con el arribo de los nuevos tiempos, con la modernidad avasallante que todo lo cambia y que todo lo trastoca, parece sucumbir irremediablemente ante la presencia de una nueva humanidad, en la que el materialismo feroz, el utilitarismo sin mengua, la ciencia y la técnica y el quebranto de los valores permanentes del espíritu, amenazan con extinguirla, me refiero a la institución de la familia, misma que rescata los más sensibles y prístinos sentimientos de los seres humanos y que permite, a la manera de Antonio Caso, comentar: “Que el hombre puede ser el hermano, el amigo, el hermano del hombre, haciendo a un lado la crueldad y la barbarie como rectores negativos de la conducta humana”.

Considero en verdad que es con el fortalecimiento de la familia como la nuestra, como pueden y deben desarrollarse las manifestaciones mas preclaras y más límpidas de quienes integramos el conglomerado social que hoy nos convoca y nos conmueve, que es esta tal vez una de las mejores lecciones y por supuesto la más acertada herencia que nos han obsequiado nuestros ancestros, la posibilidad de que estemos aquí para conmemorarlos, no quisiera citar de uno en uno a todos los que han engrandecido a nuestra familia, por no cometer la grave omisión de dejar de nombrar a alguno de ellos; no obstante, debo manifestar que quien les dirige este conmovido mensaje, expresa su orgullo y su satisfacción personal por los forjadores de esta gran familia, porque puedo afirmar a ustedes que solamente aquellos que son capaces de ir a la búsqueda de las montañas, de las grandes obras, como lo es la familia Cravioto en su gran totalidad, no se detienen a recoger las piedras del camino, porque alientan la indeclinable esperanza de conquistar la grandeza lumínica de un futuro promisorio en el que se encuentre inmersa la grandeza toda de nuestra querida nación.

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