8 de marzo de 2026

Magdalena Casa Madrid Cravioto

Apuntes de una vida olvidada

Mónica Cravioto


Escribir sobre Magdalena Casa Madrid Cravioto ha sido, desde el inicio, un ejercicio de búsqueda y de aceptación de los vacíos. La información sobre su vida es escasa, fragmentaria, dispersa en documentos oficiales, catálogos de exposiciones y recuerdos familiares transmitidos de manera oral. Como ocurre con tantas mujeres artistas del siglo XX, su historia está hecha de lo poco que sabemos y de lo mucho que ignoramos.

“Magdalena Casa Madrid Cravioto con su obra": imagen generada por IA.


Sabemos, por ejemplo, que nació en Pachuca, Hidalgo, el 23 de enero de 1899, que fue hija de María Cravioto Morales y Alberto Casa Madrid Morel y nieta de Guadalupe Morales y Simón Cravioto Pacheco. Algunos testimonios familiares hablan de que creció en la opulencia. En mi familia, recuerda Jesús Corrales, se contaba que, cuando la tía Nena era niña, el personal de servicio de su casa servía la comida con guantes blancos y trajes de librea.

Congruente con su posición social, recibió una educación que incluyó clases de pintura, probablemente con maestros particulares. Nada hacía pensar entonces que esa práctica terminaría siendo, años después, su principal sustento.

Se casó a los 24 años, pero no tuvo hijos. Las versiones sobre el destino de ese matrimonio son contradictorias y no he logrado documentarlas con certeza: algunas señalan que quedó viuda; otras, que fue abandonada. Todas coinciden, sin embargo, en que su esposo dilapidó su herencia familiar dejándola en la pobreza. Ese hecho marcó de manera definitiva su vida adulta. Magdalena tuvo que dedicarse a dar clases de pintura, tanto en una secundaria pública como a alumnos particulares que recibía en su casa, un departamento de renta congelada de la colonia Roma de la Ciudad de México.

Su rastro en la historia del arte aparece de manera puntual en algunos catálogos. En 1939, a los 40 años, participó en la Exposición de Aguafuertes, Madera, Monotipia y Dibujos de los alumnos de la Escuela de Artes del Libro, dependiente del Departamento de Educación Obrera de la Secretaría de Educación Pública, realizada en el Palacio de Bellas Artes. Magdalena presentó cinco obras: Los viejitos de Pátzcuaro; Los arqueros, de Nayarit; La danza del venadito, de Sonora; Patio, Querétaro, y Una calle de Taxco, realizadas en técnicas de aguatinta y aguafuerte.

En 1941, a los 42 años, volvió a aparecer en una exposición colectiva de grabado, organizada en la Galería de Arte y Decoración, en la calle de Venustiano Carranza 30. Participaron 30 artistas gráficos, de los cuales solo cinco eran mujeres. Entre los hombres figuraban nombres hoy ampliamente reconocidos, como Carlos Alvarado Lang, Raúl Anguiano, Leopoldo Méndez, Julio Prieto, Koloman Sokol y Alfredo Salce. Las mujeres fueron Magdalena Casa Madrid Cravioto, Lola Cueto y las artistas estadounidenses Lydia Kratina, Tamara Miller e Ira Moskowitz. Magdalena participó con una aguatinta y un grabado en madera.

Hacia 1945, a los 46 años, el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana adquirió un álbum de danzas indígenas mexicanas de su autoría, muy probablemente integrado por las obras que había presentado en la exposición de 1939 y que hoy se conservan en la Colección Fernández.

Magdalena Casa Madrid Cravioto
         y Sofía Cravioto Huguenin.          

La imagen de Magdalena ha llegado hasta nuestros días de forma tan fragmentaria como su biografía. Jesús Corrales Vivar me proporcionó la única fotografía que tengo de ella. Aparece a una edad avanzada, acompañada de su prima Sofía Cravioto Huguenin.

Las imágenes de su obra también han ido apareciendo de forma dispersa: la Colección Fernández me proporcionó generosamente fotografías de la carpeta de las danzas, y las familias Ornelas Cravioto, Ibarra Cravioto y Payró Cravioto me compartieron imágenes de algunas acuarelas y un óleo.

“Danzas mexicanas" se publica por cortesía de la Colección Fernández.


Con todo ese material —una sola fotografía de ella y reproducciones aisladas de su producción artística— decidí crear una imagen por inteligencia artificial en la que Magdalena aparece rodeada de su obra. No es una reconstrucción literal ni pretende serlo; es un gesto simbólico, una manera de devolverle un lugar visual a una artista que, durante décadas, ha permanecido prácticamente invisible.


Después de mediados del siglo XX, el rastro de Magdalena vuelve a desvanecerse. No he encontrado entrevistas, textos críticos ni correspondencia. Sé que pasó sus últimos años en una institución de asistencia privada para ancianos de escasos recursos, ubicada en la colonia Ampliación Tepepan, en la Ciudad de México. Por su acta de defunción sé también que murió el 5 de abril de 1988 a causa de un infarto agudo al miocardio y que su cuerpo fue cremado. En el documento se consigna que era “viuda” y que su ocupación era “maestra de pintura”.

Escribir sobre Magdalena Casa Madrid Cravioto es, para mí, un acto de restitución. Nombrarla es reconocer a una artista que participó en espacios relevantes de su tiempo y que, sin embargo, quedó fuera del relato dominante. También es asumir que la historia del arte está llena de silencios y que reconstruir estas vidas, aunque sea de manera incompleta, es una forma de resistencia contra el olvido.

18 de octubre de 2025

Entre recuerdos y comida compartida: nuestra itacatada 2025

Reunión familiar en Cañada de Alférez, 18 de octubre de 2025.

¿Qué tiene en común la reunión familiar de los Cravioto celebrada en el Bosque de Chapultepec el 10 de noviembre de 1946, hace casi 80 años,
 con la itacatada del 18 de octubre de 2025?

Nada y todo.

Reunión familiar en el Bosque de Chapultepec, 10 de noviembre de 1946.


Nada, porque ninguno de quienes estuvieron en aquella reunión está hoy con nosotros. Todo, porque el espíritu de convivencia familiar es el mismo.

La familia Cravioto ha mantenido, generación tras generación, una tradición de unidad de grupo alrededor del apellido. Unidad que, aunque no siempre es comprendida por las generaciones más jóvenes, continúa viva en estas celebraciones que giran alrededor de una comida compartida, donde cada grupo lleva sus propios alimentos. Eso es la itacatada.

La palabra itacate proviene del náhuatl itacatl, que designa el morral o bolsa en donde se llevan alimentos para una jornada de trabajo, muy común en el campo. Es la provisión que llevan los campesinos a sus duras jornadas de siembra. De ahí el uso actual para referirse al envoltorio o canasta donde se llevan provisiones.

Por ello, hoy, la itacatada es una reunión en la que varias personas o grupos llevan alimentos para consumir y, en la mayoría de los casos, compartir. Sirva esta primera explicación para aclarar por qué en las itacatadas de la familia Cravioto no es un proveedor el que da el servicio de alimentos. Esto, que tal vez facilitaría la logística, iría en contra del sentido mismo de la tradición.

Así pues, las familias Cravioto hemos llevado y seguiremos llevando nuestros propios alimentos cada vez que nos reunamos en nuestra ya tradicional itacatada.

¿Cuántas reuniones habrá habido en estos 80 o más años? Me parece que no existe un registro puntual, pero conocemos que han sido múltiples y en distintas locaciones: Tula, Hidalgo; Las Ventanas del Mineral del Chico, en Hidalgo; la Hacienda Pintoraco, en Texcoco, Estado de México, y en un terreno en Cuajimalpa, D.F., entre muchas más.

La intención de esta pequeña crónica de la más reciente itacatada es mantener en la historia escrita los eventos de nuestra familia.

La segunda itacatada de este siglo se celebró el 18 de octubre de 2025. El sitio en donde se llevó a cabo es el mismo de la primera de este periodo, realizada en 2023: Cañada de Alférez, Municipio de Lerma, Estado de México, en la casa de Javier Cravioto Padilla y su esposa Verónica González de Cravioto.

Este, y cada uno de los eventos, es posible porque un grupo de familiares Cravioto, que formamos una especie de Comité de Continuidad familiar, hacemos llamadas, organizamos desayunos y vamos definiendo y tomando decisiones; en muchas ocasiones nos acompañan otros miembros de la familia que aportan sugerencias, trabajo y que nos amplían la visión del qué hacer.

A la reunión del 18 de octubre llegaron alrededor de 80 personas. Jorge Cravioto Galindo se encargó de llevar el registro y de ir recibiendo las aportaciones de los asistentes. El número de 80 se cerró precisamente una semana antes. Por decir nombres de quienes fuimos inscribiendo a nuestras familias, la primera de ellas fue Mireya Espíndola Cravioto y después siguieron, entre otros más, Jorge Cravioto Galindo, Tania Casa Madrid, Norma Cravioto, Andrés Ornelas Cravioto, Susana Ibarra Cravioto, Javier Cravioto Padilla, Itzel García Cravioto, Lorenzo Cravioto Ortiz, Alejandro Urquieta Cravioto, Martha Alicia Cravioto, Rosalba Pérez Cravioto, José Antonio Domínguez, Yocine Anduaga, Orlando Cravioto, Román Ramírez Cravioto, José Luis Cravioto, Ricardo Cravioto y Arminda Ortega Cravioto.

Como es tradición, la cantidad de comida que llevó cada grupo superó con creces lo que iba a consumir. Por ello, el intercambio de viandas entre mesas fue constante y, así, comimos tamales, barbacoa, carnitas, tortas, pastas, pollo, carne asada y ensaladas, entre otros muchos platillos. Después vino un buen surtido de postres deliciosos y, a lo largo de toda la comida, cerveza y tequila a disposición de todos.

Por ahí, entre saludos, pláticas, historias y recordaciones de los que ya no están, transcurrió la tarde, donde pudimos, una vez más, entendernos en lo que nos une: una historia de familia, diversa en actividad y pensamientos, pero sostenida por un espíritu mayor, el de nuestros ancestros.

En lo personal, me dio mucho gusto conversar con las y los Anduaga, esa parte importantísima de la familia que desciende de Josefa Cravioto Pacheco de Anduaga, única hija mujer de Simone Craviotto y Luz Pacheco, y hermana de Rafael, Agustín, Francisco y Simón. A la descendencia de Josefa Cravioto, por cierto, sigue perteneciendo la casa del balcón corrido de Huauchinango.

Fue idea de Alejandro Urquieta Cravioto mandar hacer el óleo de un gran árbol, cuyas hojas se forman con las huellas digitales de quienes quisieron dejarlas en el tronco. Este cuadro permanecerá para que, en futuras reuniones, quienes aún no hayan puesto su “hoja” puedan hacerlo y el árbol familiar continúe creciendo.


La tarde concluyó con una muy ligera llovizna, y todos los asistentes regresaron con bien a sus ciudades y cosas.

Hasta la próxima itacatada querida familia.

Javier Cravioto Padilla.

Cañada de Alférez, Lerma, Estado de México.

19 de agosto de 2025

Jorge Marcelo Cravioto Navarrete, pionero de la ingeniería de túneles en México

Jorge Marcelo Cravioto Navarrete (1915–1998) fue un verdadero pionero de la ingeniería mexicana, especialmente en el mundo de las obras subterráneas. Se atrevió a innovar en terrenos que muchos consideraban imposibles, sobre todo en el complicado subsuelo del Valle de México.

Jorge Marcelo Cravioto Navarrete

Hijo de Francisco Cravioto Gallardo y María Esperanza Navarrete Espinosa de los Monteros, nació en la Ciudad de México el 22 de diciembre de 1915. Estudió en el Instituto Franco Inglés y más tarde cursó ingeniería en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). También se formó en la reconocida École Nationale des Ponts et Chaussées [Escuela Nacional de Puentes y Caminos] de París, una de las más prestigiosas en ingeniería civil.



Trayectoria profesional

En sus primeros años de ejercicio profesional Cravioto cimentó su experiencia construyendo estructuras de concreto, edificios y casas. En 1946 se asoció con varios ingenieros para fundar Macomber de México, S. A., dedicada al diseño y construcción de estructuras de acero soldadas, una tecnología que “reduce el peso y el costo de las estructuras”.¹ La obra más emblemática de esa empresa fue la estructura del Auditorio Nacional de la Ciudad de México.

En 1948 fundó la Constructora Estrella –dedicada a la construcción de caminos y obras hidráulicas e hidroeléctricas– y la empresa Constructora (CUSA), dedicada a estudios y proyectos, así como a la construcción de caminos.

Por esos años, probablemente a través de alguna de sus empresas, colaboró con Constructores y Contratistas, S. A. de C. V., donde trabajó como ingeniero en la construcción del Hotel Elvira en Torreón, Coahuila, y posiblemente también en el Hotel Nazas, en la misma ciudad.


“En 1954 se inició como contratista en la Dirección de Obras Hidráulicas del Departamento del Distrito Federal y entró en contacto con los problemas de agua y drenaje de la Ciudad de México y con las dificultades para construir grandes colectores en un subsuelo arcilloso”.² Fue parte de la introducción de nuevos métodos constructivos en obras como el entubamiento del río Mixcoac, el colector de Pantaco y el acueducto de Chiconautla. 

Su mayor legado comenzó en 1961, cuando se sumó a los esfuerzos por mejorar el sistema de drenaje de la Ciudad de México, que enfrentaba inundaciones y hundimientos constantes. Aquí fue donde Cravioto se lució como inventor y constructor, desarrollando métodos únicos. Entre sus aportaciones más destacadas está el diseño del primer escudo para túneles en México, que revolucionó la construcción en suelos blandos. También ideó, junto con el ingeniero Abel Villarreal, la técnica de lumbreras flotadas, que permitió acceder al subsuelo en condiciones difíciles, y que sigue vigente por su eficacia y seguridad.

Cravioto fue pieza clave en la creación del Sistema de Drenaje Profundo de la Ciudad de México y dejó huella en proyectos hidráulicos, ferroviarios y eléctricos en todo el país. Participó en más de 30 túneles, incluyendo el monumental Analco–San José del Sistema Cutzamala, de 16.2 km de longitud.

También trabajó en túneles en macizos rocosos como Agua Escondida, San Martín y Zapatera, del proyecto Hidroeléctrico San Bartolo; en la casa de máquinas de San Bartolo II; en la central subterránea de Malpaso; en los túneles de drenaje de Monterrey; en la ampliación de la casa de máquinas subterránea de Infiernillo; en una parte del emisor central de la central subterránea de Pizayambo, en Ecuador; y en la terminación del túnel ferroviario La Jarochita, entre otros.

Pero no solo construyó obras: también impulsó el desarrollo de nuevas herramientas teóricas para entender mejor el comportamiento del suelo y mejorar los diseños estructurales.

A pesar de enfrentar serios problemas de salud en sus últimos años, nunca dejó de hablar con pasión sobre túneles y soluciones técnicas. Falleció en la Ciudad de México el 28 de febrero de 1998. Su legado no solo se ve en las obras que ayudó a construir, sino también en la inspiración que dejó entre colegas, investigadores y futuras generaciones de ingenieros.


¿Cómo impacta su legado en la vida de los habitantes de la Ciudad de México?

  • ⁠Sanidad. Antes del Sistema de Drenaje Profundo, la ciudad sufría inundaciones constantes. Cravioto fue clave en diseñar y construir túneles que permiten evacuar enormes volúmenes de agua, incluso durante lluvias intensas.
  • Acceso al agua potable. Obras como el túnel Analco-San José del Sistema Cutzamala, que transporta agua desde el Estado de México hasta la capital, abastecen a millones de personas.
  • Modelo de ingeniería nacional. Cravioto demostró que México podía desarrollar tecnología propia. Esto no solo fue motivo de orgullo, sino que también impulsó la formación de nuevas generaciones de ingenieros y fomentó una cultura de innovación y riesgo calculado.

En resumen, su trabajo está –literalmente– bajo nuestros pies, sosteniendo la vida urbana moderna. Su legado puede ser invisible para muchos, pero es esencial para todos.


Un legado que exige continuidad

Desde el fallecimiento del ingeniero Jorge Marcelo Cravioto Navarrete en 1998, la Ciudad de México no ha dejado de crecer, y con ella, los retos. El sistema de drenaje profundo y las obras hidráulicas que él ayudó a construir fueron soluciones visionarias para su época, pero hoy enfrentamos una realidad más compleja: escasez de agua, hundimientos y lluvias que rebasan la capacidad de la infraestructura actual.

Cravioto se atrevió a imaginar lo que no existía, a construir en condiciones que otros consideraban imposibles, y lo hizo con rigor, humanidad y compromiso.

Hoy más que nunca necesitamos ingenieros con esa misma audacia: capaces de crear soluciones innovadoras y eficientes, no solo para resolver problemas, sino para anticiparlos. Ingenieros que, como Cravioto, comprendan que cada túnel, cada lumbrera, cada cálculo, es también una forma de cuidar la vida de millones.

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1. Fernando Hiriart Balderrama, “Semblanza del Ing. Jorge Cravioto Navarrete”, Reunión Técnica Homenaje al Ing. Jorge Cravioto Navarrete, p. 5, AMITOS, Ciudad de México, noviembre de 1999.

2. Ibid.

11 de julio de 2025

Presea Alfonso Cravioto Mejorada 2025

Pachuca de Soto, Hidalgo, 11 de julio de 2025.


En el marco del Día de la Abogada y el Abogado, Adela Hernández Serrano fue galardonada con la Presea al Mérito Jurídico “Alfonso Cravioto Mejorada", que le fue entregada por el gobernador del Estado de Hidalgo, Julio Menchaca Salazar.




Presea Alfonso Cravioto Mejorada

Fue creada en 1996 por acuerdo del entonces gobernador del Estado de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, para reconocer la trayectoria de las abogadas y los abogados con 50 o más años de ejercicio profesional, aunque dicha temporalidad ha sido disminuida.

El reconocimiento es otorgado por el gobierno del Estado de Hidalgo en el Día de la Abogada y el Abogado (12 de julio), a partir de las propuestas que recibe de los colegios y barras.

En orden cronológico, han recibido la Presea Alfonso Cravioto Mejorada las siguientes personas:
  • Domingo Franco Sánchez
  • Carlos Raúl Guadarrama Márquez
  • Jesús Ángeles Contreras
  • Alejandro Straffon Arteaga
  • Oscar Martínez Mendoza
  • Carlos Borja Meza
  • Rubén Ríos Rodríguez
  • Conrado Carpizo Zúñiga
  • César Vieyra Salgado
  • Carlos Zamora López
  • Esthela Rojas de Soto
  • José de Jesús Corrales González (2007)
  • Tufic Habib Karam
  • Víctor Soni Piña
  • Arturo Reyes Monterrubio
  • Juan Salomón Jorge Uribe
  • Francisco Ramírez González (2015)
  • Lucas González López (2016)
  • Julia Dolores Domínguez (2017)
  • Eduardo García Gómez (2018)
  • Jorge Alberto Huerta Navarro (2019)
  • Jaime Daniel Baños Paz (2023)
  • Rodolfo González Islas (2024)
  • Adela Hernández Serrano (2025)

A causa de la pandemia por COVID-19, la entrega de la presea se suspendió en los años 2020, 2021 y 2022.

15 de septiembre de 2024

Libro “Bicentenario de la familia Cravioto en México"

Por primera vez se publica una obra dedicada exclusivamente a la familia Cravioto.



Este libro conmemorativo celebra los 200 años desde que Luz Pacheco Moreno y Simone Craviotto Vallarino contrajeran matrimonio en Huauchinango, Puebla.

A lo largo de 106 páginas e innumerables fotografías a color descubrirás cómo los Cravioto han influido en diversos ámbitos como la medicina, la política y la cultura.

El cuidado editorial, el diseño, la obra en conjunto tiene gran calidad y una importancia definitiva como documento histórico y conmemorativo no solo de nuestra familia, sino de nuestro país.

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