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| Reunión familiar en Cañada de Alférez, 18 de octubre de 2025. |
Los Cravioto
Los Cravioto mexicanos, y algunos de los estadounidenses, descendemos de la mexicana María de la Luz Pacheco Moreno y el genovés Simone Craviotto Vallarino, quienes contrajeron matrimonio en Huauchinango, Puebla, en 1824. Esta bitácora pretende convertirse en un espacio de información sobre los Cravioto de ayer y de reunión y reencuentro para los Cravioto de hoy. Si deseas contribuir con información, envíala a lacravioteca@gmail.com
18 de octubre de 2025
Entre recuerdos y comida compartida: nuestra itacatada 2025
19 de agosto de 2025
Jorge Marcelo Cravioto Navarrete, pionero de la ingeniería de túneles en México
Jorge Marcelo Cravioto Navarrete (1915–1998) fue un verdadero pionero de la ingeniería mexicana, especialmente en el mundo de las obras subterráneas. Se atrevió a innovar en terrenos que muchos consideraban imposibles, sobre todo en el complicado subsuelo del Valle de México.
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| Jorge Marcelo Cravioto Navarrete |
Hijo de Francisco Cravioto Gallardo y María Esperanza Navarrete Espinosa de los Monteros, nació en la Ciudad de México el 22 de diciembre de 1915. Estudió en el Instituto Franco Inglés y más tarde cursó ingeniería en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). También se formó en la reconocida École Nationale des Ponts et Chaussées [Escuela Nacional de Puentes y Caminos] de París, una de las más prestigiosas en ingeniería civil.
Trayectoria profesional
En sus primeros años de ejercicio profesional Cravioto cimentó su experiencia construyendo estructuras de concreto, edificios y casas. En 1946 se asoció con varios ingenieros para fundar Macomber de México, S. A., dedicada al diseño y construcción de estructuras de acero soldadas, una tecnología que “reduce el peso y el costo de las estructuras”.¹ La obra más emblemática de esa empresa fue la estructura del Auditorio Nacional de la Ciudad de México.
En 1948 fundó la Constructora Estrella –dedicada a la construcción de caminos y obras hidráulicas e hidroeléctricas– y la empresa Constructora (CUSA), dedicada a estudios y proyectos, así como a la construcción de caminos.
Por esos años, probablemente a través de alguna de sus empresas, colaboró con Constructores y Contratistas, S. A. de C. V., donde trabajó como ingeniero en la construcción del Hotel Elvira en Torreón, Coahuila, y posiblemente también en el Hotel Nazas, en la misma ciudad.
“En 1954 se inició como contratista en la Dirección de Obras Hidráulicas del Departamento del Distrito Federal y entró en contacto con los problemas de agua y drenaje de la Ciudad de México y con las dificultades para construir grandes colectores en un subsuelo arcilloso”.² Fue parte de la introducción de nuevos métodos constructivos en obras como el entubamiento del río Mixcoac, el colector de Pantaco y el acueducto de Chiconautla.
Su mayor legado comenzó en 1961, cuando se sumó a los esfuerzos por mejorar el sistema de drenaje de la Ciudad de México, que enfrentaba inundaciones y hundimientos constantes. Aquí fue donde Cravioto se lució como inventor y constructor, desarrollando métodos únicos. Entre sus aportaciones más destacadas está el diseño del primer escudo para túneles en México, que revolucionó la construcción en suelos blandos. También ideó, junto con el ingeniero Abel Villarreal, la técnica de lumbreras flotadas, que permitió acceder al subsuelo en condiciones difíciles, y que sigue vigente por su eficacia y seguridad.
Cravioto fue pieza clave en la creación del Sistema de Drenaje Profundo de la Ciudad de México y dejó huella en proyectos hidráulicos, ferroviarios y eléctricos en todo el país. Participó en más de 30 túneles, incluyendo el monumental Analco–San José del Sistema Cutzamala, de 16.2 km de longitud.
También trabajó en túneles en macizos rocosos como Agua Escondida, San Martín y Zapatera, del proyecto Hidroeléctrico San Bartolo; en la casa de máquinas de San Bartolo II; en la central subterránea de Malpaso; en los túneles de drenaje de Monterrey; en la ampliación de la casa de máquinas subterránea de Infiernillo; en una parte del emisor central de la central subterránea de Pizayambo, en Ecuador; y en la terminación del túnel ferroviario La Jarochita, entre otros.
Pero no solo construyó obras: también impulsó el desarrollo de nuevas herramientas teóricas para entender mejor el comportamiento del suelo y mejorar los diseños estructurales.
A pesar de enfrentar serios problemas de salud en sus últimos años, nunca dejó de hablar con pasión sobre túneles y soluciones técnicas. Falleció en la Ciudad de México el 28 de febrero de 1998. Su legado no solo se ve en las obras que ayudó a construir, sino también en la inspiración que dejó entre colegas, investigadores y futuras generaciones de ingenieros.
¿Cómo impacta su legado en la vida de los habitantes de la Ciudad de México?
- Sanidad. Antes del Sistema de Drenaje Profundo, la ciudad sufría inundaciones constantes. Cravioto fue clave en diseñar y construir túneles que permiten evacuar enormes volúmenes de agua, incluso durante lluvias intensas.
- Acceso al agua potable. Obras como el túnel Analco-San José del Sistema Cutzamala, que transporta agua desde el Estado de México hasta la capital, abastecen a millones de personas.
- Modelo de ingeniería nacional. Cravioto demostró que México podía desarrollar tecnología propia. Esto no solo fue motivo de orgullo, sino que también impulsó la formación de nuevas generaciones de ingenieros y fomentó una cultura de innovación y riesgo calculado.
En resumen, su trabajo está –literalmente– bajo nuestros pies, sosteniendo la vida urbana moderna. Su legado puede ser invisible para muchos, pero es esencial para todos.
Un legado que exige continuidad
Desde el fallecimiento del ingeniero Jorge Marcelo Cravioto Navarrete en 1998, la Ciudad de México no ha dejado de crecer, y con ella, los retos. El sistema de drenaje profundo y las obras hidráulicas que él ayudó a construir fueron soluciones visionarias para su época, pero hoy enfrentamos una realidad más compleja: escasez de agua, hundimientos y lluvias que rebasan la capacidad de la infraestructura actual.
Cravioto se atrevió a imaginar lo que no existía, a construir en condiciones que otros consideraban imposibles, y lo hizo con rigor, humanidad y compromiso.
Hoy más que nunca necesitamos ingenieros con esa misma audacia: capaces de crear soluciones innovadoras y eficientes, no solo para resolver problemas, sino para anticiparlos. Ingenieros que, como Cravioto, comprendan que cada túnel, cada lumbrera, cada cálculo, es también una forma de cuidar la vida de millones.
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1. Fernando Hiriart Balderrama, “Semblanza del Ing. Jorge Cravioto Navarrete”, Reunión Técnica Homenaje al Ing. Jorge Cravioto Navarrete, p. 5, AMITOS, Ciudad de México, noviembre de 1999.
2. Ibid.
11 de julio de 2025
Presea Alfonso Cravioto Mejorada 2025
Presea Alfonso Cravioto Mejorada
- Domingo Franco Sánchez
- Carlos Raúl Guadarrama Márquez
- Jesús Ángeles Contreras
- Alejandro Straffon Arteaga
- Oscar Martínez Mendoza
- Carlos Borja Meza
- Rubén Ríos Rodríguez
- Conrado Carpizo Zúñiga
- César Vieyra Salgado
- Carlos Zamora López
- Esthela Rojas de Soto
- José de Jesús Corrales González (2007)
- Tufic Habib Karam
- Víctor Soni Piña
- Arturo Reyes Monterrubio
- Juan Salomón Jorge Uribe
- Francisco Ramírez González (2015)
- Lucas González López (2016)
- Julia Dolores Domínguez (2017)
- Eduardo García Gómez (2018)
- Jorge Alberto Huerta Navarro (2019)
- Jaime Daniel Baños Paz (2023)
- Rodolfo González Islas (2024)
- Adela Hernández Serrano (2025)
15 de septiembre de 2024
Libro “Bicentenario de la familia Cravioto en México"
20 de julio de 2024
Olga Trevethan Cravioto, primera mujer legisladora del Estado de Hidalgo
En sesión solemne, el 19 de julio de 2024 fueron develadas las letras de oro que rinden homenaje a Olga Trevethan Cravioto, primera legisladora del Estado de Hidalgo, quien estuvo presente en el acto oficial. Con ese motivo, reproducimos el texto que Raúl Arroyo publicó al día siguiente en Milenio Diario Hidalgo.
Olga Trevethan Cravioto regresa al Congreso hidalguense
Raúl Arroyo
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| Olga, con sus padres Esperanza Cravioto y Serafín Trevethan. |
Por vía paterna es de ascendencia inglesa: Henry Trevethan, su abuelo, vino de Cornwall con la inmigración atraída por la explotación de las minas de Real del Monte y Pachuca, durante la segunda mitad del siglo XIX. Por la materna es italiana: Simone Craviotto Vallarino, originario de Varazze, en la región de Liguria, fundó una próspera familia de comerciantes en la sierra norte de Puebla. Su hijo Rafael, general liberal, republicano, originario de Huauchinango, tomó para la Revolución de Tuxtepec, encabezada por Porfirio Díaz, el Estado de Hidalgo en 1876, y lo mantuvo bajo su hegemonía hasta 1897. Pompeyo, vástago predilecto del militar, fue el abuelo de Olga.
Después de una etapa dedicada a litigar, a los veintiséis años de edad, la joven abogada Olga Trevethan Cravioto tenía a su cargo el juzgado primero de lo civil de Pachuca. Era la tercera mujer con funciones de jueza en la judicatura hidalguense. Antes de ella solo lo habían sido sus colegas Gloria Moya Huerta y Marina Soto Lira, a quien había sustituido.
Cuando a finales de 1965 se acercaba la renovación del Congreso del Estado, su antiguo profesor del Instituto Científico y Literario Autónomo (ICLA), el gobernador Carlos Ramírez Guerrero, la llamó a su despacho del palacio de gobierno, entonces en la Casa Rule. "El partido ha pensado en ti para que seas diputada en la próxima legislatura", le dijo. Eran las cuidadosas formas del sistema. Ella, que ya había sido profesora de historia de México y civismo en el bachillerato de la recién inaugurada Universidad Autónoma del Estado Hidalgo (UAEH), por invitación del doctor Francisco Zapata, director de la preparatoria, y en la Escuela Normal Benito Juárez, entonces dirigida por el licenciado Gaudencio Morales, las entendía y asimilaba, no sin sorpresa.
Un antecedente la había impulsado en ese camino: durante la campaña presidencial del licenciado Gustavo Díaz Ordaz por el Estado, se le designó oradora a nombre de los priistas hidalguenses, dirigido en ese entonces por el profesor Raúl Vargas Ortiz.
Los rumbos de Olga Trevethan Cravioto variaron: de su incipiente carrera profesional iniciada como litigante y luego juzgadora, pasaría abruptamente del Poder Judicial al Legislativo. Su aspiración de llegar a ser magistrada quedó interrumpida para integrarse de esa manera a la clase política local, al ocupar un escaño en la Cámara de Diputados. Su nombre quedaría vinculado a la historia del Congreso como el de su primera diputada, lo que también haría de la XLV la primera legislatura, desde 1869, en tener ocupada una de sus once curules por una mujer.
Nacida en Pachuca el 14 de mayo de 1939, en la Beneficencia Española de la Avenida Juárez, conforme a las reglas políticas imperantes, se le asignó el IX distrito con cabecera en Apan, adonde fue a realizar la campaña electoral. A esa diputación, inaugurada el primero de marzo de 1966, se integraron, entre otros, el coronel Manuel Olguín Serrano, por Tenango de Doria, quien ejerció el liderazgo; Vicente Trejo Callejas, importante luchador campesino, por Huichapan; Francisco Escamilla Velázquez, líder magisterial, por Zacualtipán; Isaac Piña Pérez, destacado abogado y profesor universitario, por Metzquititlán; y Lisandro Salinas Baños, otro joven licenciado en Derecho, por Huejutla.
Luego Olga fue inscrita para cursar la secundaria y después el bachillerato en el Instituto Científico y Literario Autónomo
(ICLA). Posteriormente, porque su padre, abogado de la Compañía de Real del Monte y Pachuca y entonces primer director de la Escuela de Derecho de la hoy UAEH, así lo decidió "para evitar favoritismos", se inscribió en 1956 a la facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dirigida sucesivamente por los juristas
Roberto Luis Mantilla Molina y Ricardo García Villalobos, durante los años de su formación profesional.
Obtuvo el título profesional con la tesis "Represión del crimen de guerra", el 11 de febrero de 1965, cuando ya la facultad era dirigida porel prestigiado abogado César Sepúlveda.
Antes de cumplirse el primer año del periodo constitucional, la diputada Olga Trevethan Cravioto decidió otro proyecto de vida, definitivo para su futuro: el matrimonio con Vladimir Hernández, ingeniero civil originario de Tula, unión de la que nacieron Mareel y Hugo. Al día de hoy, aquella amorosa decisión también le pesa como un abandono del mandato de la representación popular. Y aunque con notoria modestia considere que, por breve, su responsabilidad legislativa no tuvo trascendencia, ello no le resta el mérito de ser la primera legisladora de nuestro estado. Su escaño fue ocupado por el suplente, Pedro Téllez Fernández. Así había iniciado la historia de la presencia femenina en el Poder Legislativo del Estado.
Desde entonces transcurrieron diecinueve legislaturas para que una mujer presidiera su órgano de gobierno, la diputada
María Luisa Pérez Perusquía durante la LXIII, en 2016.
Radicada desde entonces en la Ciudad de México, mujer de estudio, la licenciada Trevethan Cravioto volvió a la docencia, se desempeñó largos 39 años como profesora de derecho en el Colegio de Ciencias y Humanidades Naucalpan, de la UNAM, hasta su jubilación en 2013.
Olga Trevethan Cravioto nunca se desarraigó de su tierra natal. Con frecuencia vuelve a caminar las calles pachuqueñas, a comer pastes, herencia de sus antepasados británicos, y en el recuerdo mantiene la entrañable cercanía con su prima Stenie Vivar Cravioto. Mas todavía, ha decidido entregar el acervo fotográfico de su madre al Archivo Histórico del Poder Judicial del Estado, al que sirvió hace casi seis décadas, para la catalogación, estudio y difusión de las imágenes provenientes de los siglos XIX y XX.
Antes del homenaje que hoy recibe, la misma LXV Legislatura que decretó la inscripción de su nombre en los muros de honor de su recinto, lo impuso a una sala audiovisual de la sede legislativa, inaugurada por el gobernador Julio Menchaca en abril de 2023.
Hoy Olga Trevethan Cravioto está de regreso en el Congreso local, no para integrar la Legislatura como hace 58 años, cuando su presencia causaba incomodidad en un ambiente hasta entonces exclusivo de hombres; ahora es en cumplimiento del decreto número 581 promulgado el 14 de septiembre de 2023, donde se reconocen sus méritos, para permanecer con su nombre inscrito en letras de oro, en testimonio de un momento histórico del largo trayecto de las mujeres mexicanas por su empoderamiento en Hidalgo. Se suma a los de Leona Vicario, ameritada insurgente, esposa de don Andrés Quintana Roo, y Elisa Acuña Rossetti, maestra rural, periodista, antirreeleccionista y precursora de la Revolución de 1910, originaria de Real del Monte. Serán con el suyo, apenas los de tres féminas, en contraste con los nombres de 38 varones ahí colocados.
En el Congreso de Hidalgo será la segunda persona de apellido Cravioto -familia de importante presencia en las historias regional y nacional-, recipiendaria de igual reconocimiento; el primero fue el constituyente Alfonso Cravioto, tío abuelo de doña Olga. El hecho coincide, y abona, con la celebración del bicentenario de la llegada de su fundador a México, conmemorado en Pachuca y Huauchinango por su nutrida descendencia, en febrero de este año.
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| Nota original |








