Mostrando las entradas con la etiqueta Instituto Científico y Literario. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Instituto Científico y Literario. Mostrar todas las entradas

15 de noviembre de 2010

Médicos del Centenario II: Pompeyo Cravioto Huguenin, 1898-1962

El siguiente artículo fue escrito por el doctor Roberto Uribe Elías.*

Entramos al salón de los de Tercero, iba a ser la primera clase de la tarde, el sol iluminaba el fondo del salón, el estrado tenía luminosidad suficiente; entró un profesor con traje oscuro, no negro, quizá gris oscuro, con una cabellera quebrada entrecana, de antejos, con nariz afilada; era el profesor de Patología Quirúrgica, lo conocíamos en la calle, de pasada, serio, poco sonriente, con voz de autoridad y que, sin dejar ninguna duda, se había apoderado de la atención y del interés de nuestro grupo.

Sus palabras no dejaron lugar a ninguna duda, él era el que guiaba y decidía, nosotros a hilar finito y con buena letra.

Era Pompeyo Cravioto [Huguenin] o como sus amigos le decían, Pin Cravioto. De principio no se subió al estrado, su estatura, que era algo más que media, lo hacía no necesitarlo para imponerse al grupo.

Sin dejar espacio, nos dijo qué pretendía de nosotros y qué íbamos a obtener de esa clase, el texto, como todo lo demás, no tenía duda, era el único y era el bueno y adecuado, se trataba del Forgue con sus dos tomos.

Entonces no sabíamos que era un texto antiguo, quizá pasado de moda y, peor aún, no actualizado. Pero era el Forgue y ahí íbamos a obtener el conocimiento, para enfrentarnos en la clase a Pin Cravioto.

Quedó claro que él nos introdujo, sin lugar a dudas, a la inflamación, a su relación con la infección, el traumatismo y la respuesta del organismo del hombre, desde la célula hasta lo sabido de la inmunología.

Después, el manejo inicial y definitivo del trauma, de las condiciones agudas y la necesidad de tomar decisiones, como médicos, basados en el conocimiento científico desde la célula, la asepsia y antisepsia, la disciplina quirúrgica y la sapiencia de la estructura anatómica, todo ello completaba el marco de referencia, que como médicos deberíamos tener siempre ante los problemas que tendríamos que enfrentar; conocimiento, disciplina y decisión, para actuar, siempre actuar, el médico no pude ser pasivo o indiferente ante los problemas del hombre y la vida.

La personalidad del doctor Cravioto pronto mostró su carácter, personalidad y proyección, era fuerte de carácter, parecía osco y autoritario, pero estaba dispuesto a borrar nuestra ignorancia en el terreno médico, era disciplinado, nunca faltaba y era muy puntual.

Pompeyo Cravioto Huguenin había nacido en Pachuca, Hidalgo, el 29 de octubre de 1898, su padre Pompeyo Cravioto Calva su madre Stenie Huguenin, de origen suizo. Realizó sus estudios primarios en la escuela laica Melchor Ocampo dirigida por el distinguido y muy famoso profesor Francisco Noble, guía de múltiples generaciones de hidalguenses. Pasa al Instituto Científico y Literario del Estado, también en Pachuca, y de ahí ingresa a la Escuela Nacional de Medicina, en la Ciudad de México en 1918, tiene un desempeño distinguido, obteniendo diplomas honoríficos en los años primero, tercero, cuarto, quinto y sexto de la carrera. Realiza su tesis profesional con el título "Ligeras consideraciones acerca del tratamiento de la diabetes azucarada por la insulina" en Pachuca. Presenta su examen profesional en 1924 y regresa a ejercer su profesión a su ciudad natal.

Ingresa poco tiempo después a la Compañía Minera Real del Monte y Pachuca, recibiendo la instrucción de ser médico de la propia compañía en el mineral de El Chico, donde trabaja cuatro años, por haberse extinguido el mineral y cerrado la mina, se traslada a Pachuca ejerciendo la profesión de manera privada, en sus Memorias él califica de "ejercer la profesión liberal".

En Pachuca es invitado a ocupar la cátedra de Química Mineral e Inorgánica en el Instituto Científico y Literario, iniciando una larga experiencia docente y una influencia, no siempre conocida, en el desarrollo y evolución primero de Instituto Científico y Literario de Pachuca y después como catedrático fundador de la Escuela de Medicina, dependiente del propio Instituto en 1945.

Sin dejar nunca sus cátedras, inicia su labor como jefe de Salubridad del Estado; pero en un corto plazo regresa a prestar sus servicios a la Compañía Real del Monte y Pachuca desde 1934, de la que nunca se separaría, hasta el día de su muerte. En 1938 es ascendido al puesto de jefe de los Servicios Médicos de la propia compañía. Su dedicación a su labor en el ámbito minero es muy reconocida, integrando servicios locales, formando hospitales con recursos modernos y llegando a establecer una gran clínica minera en Pachuca.

Al fundarse la Escuela de Medicina el 12 de febrero de 1945 dependiente del Instituto Científico y Literario (el cual adquiriría la autonomía en 1948) fue profesor de Química Biológica que impartió muchos años (1956), para después tomar la responsabilidad de la materia de Patología Externa que impartiría hasta su deceso (la cátedra cambió de nombre para llamarse Patología Quirúrgica y a veces se le agregaba lo de Externa). Siguiendo la costumbre de la época realiza visitas profesionales a instituciones hospitalarias de los Estados Unidos de Norteamérica.
Asiste a diversos congresos nacionales e internacionales, como el Congreso de Silicosis y Tuberculosis en Saranac Lake [Nueva York] en 1941.

Participa en la organización de reuniones médicas realizadas en Pachuca, Hidalgo, y presenta comunicaciones de su experiencia en dichos congresos nacionales, sobre todo en casos de fracturas óseas y su manejo adecuado. Desde esa época él califica su acción profesional como la de un osteólogo.

Con todo lo anterior, él trabaja honoríficamente en el Hospital Civil de Pachuca, estableciendo un servicio de traumatología y ortopedia y, en la medida en que la Escuela de Medicina crece en recursos humanos y existe un mayor número de médicos en formación y médicos recién egresado, comienzan a formar su experiencia a su lado, trata de iniciar una Escuela.

Los congresos médicos del Centro comienzan a ser foros científicos en los que su participación es reconocida.

Pertenece a un grupo selecto de médicos hidalguenses preocupados por el desarrollo del conocimiento, por lo tanto buscan consolidar al Instituto Científico y Literario, logrando la creación de la escuela de Medicina, la autonomía y ulteriormente sin dejar de pensar en la erección de una universidad, acorde con las circunstancias del momento. Era un hombre en el círculo de sus amigos, bromista, alegre con un sentido del humor fino, que hacía de su presencia indispensable en las tertulias.

Fue miembro del Club Rotario de Pachuca y en 1950-1951 fue electo presidente de dicha organización.

Siguiendo su vocación altruista, se preocupó por dotar de equipo moderno de avanzada al recién inaugurado Hospital Infantil de Pachuca y junto con su director, el doctor Guillermo Coronado, realizó dicho equipamiento que permitió el despegue exitoso de dicho nosocomio para beneficio de la población infantil de todo el estado de Hidalgo.

El doctor Cravioto fue un hombre distinguido pero discreto, participó en los grandes acontecimientos de la evolución de la formación de la juventud hidalguense, pero sin aspavientos, no reclamó para sí puestos ni honores, su labor era acción callada pero definitiva.

Su actuar en la cátedra fue hasta su último día ejemplo de disciplina, dedicación y sapiencia; nunca escatimó el otorgar su experiencia los jóvenes a los que conducía, daba oportunidad y formaba a los jóvenes médicos que lo rodeaban, formando enjambre. Formó uno de los pocos equipos profesionales que eran ejemplo en su labor del Hospital Civil de Pachuca, el paso de visita, el análisis y discusión de los casos, el planteamiento de los posibles tratamientos, su discusión y la realización de los mismos, en equipo, fueron modelo de actividad profesional; no sólo participaban alumnos, médicos jóvenes, sino médicos ya formados, que incorporados a su equipo enriquecían el desarrollo de la clínica de traumatología y ortopedia, creando escuela.

Tuvimos el privilegio de recibir sus enseñanzas, no sabíamos que era el final de la jornada del maestro, para nosotros, ellos, nuestros maestros, estaban ahí, antes que nosotros, con nosotros y percibíamos, de manera juvenil y optimista, que estarían después de nosotros.

La experiencia de sus lecciones fue clara, incontrovertible, tenía la diáfana sabiduría de mostrar lógicamente el razonamiento de sus planteamientos; era un tomador de decisiones y de una acción justa, firme e inmediata.

Sus clases se transformaron en un reto para todos nosotros, nos iba abriendo el panorama histórico de cómo el hombre médico llego a ser más útil, más científico, más comprensivo siendo médico y cirujano.

La disciplina inculcada por él, no la olvidamos, va con nosotros en nuestro pensar y nuestra acción.

La sorpresa fue innegable el 12 de septiembre de 1962, nuestro maestro había fallecido repentinamente de un infarto al miocardio.

Sus enseñanzas están ahí, en las múltiples generaciones que fuimos sus alumnos; la estabilidad del ICLA y de la Escuela de Medicina, son una obra en la que participó calladamente, el servicio de traumatología y ortopedia del Hospital Civil es otra prueba más, su acción en los servicios médicos mineros son un pilar más, su sentido caritativo y de solidaridad está presente en su actuar como médico y rotario, en fin la obra y la acción práctica de Pompeyo Cravioto están ahí, son base para seguir construyendo. Nosotros conservamos la obra de Forgue, enriquece nuestra biblioteca como lo ha hecho con nuestras mentes y nuestra experiencia; para uno de nosotros (Uribe Elías) me permitió salvar una vida en el Servicio Social, así de simple y así de trascendente. Fue un médico pachuqueño de pura cepa, se entregó al conocimiento para servir a su terruño, en todos los órdenes, lo logró hasta el último aliento; es uno de nuestro pilares poco conocidos que participó, en lo que ahora somos.

Una palabra más, Pin Cravioto perteneció a Una Generación Excepcional, la 1918-1924, que va a caracterizar en mucho a la medicina mexicana, por sus aportes en la acción profesional, la organización de la medicina moderna, su injerencia indiscutible en la Escuela de Medicina de la UNAM, al grado de convertirla en Facultad, la brillantez de sus integrantes y la fuerza que imprimieron para la trasformación de los grandes capítulos de la medicina mexicana.

A esta generación pertenecieron los pachuqueños Librado Gutiérrez y José Efrén Méndez; y solo para señalar a unos cuantos enumeraré:

Juan Andrade Pradillo, iniciador de la otorrinolaringología, vanguardia en el Hospital General de México;

Gilberto Bolaños Cacho, vanguardia en la medicina del boxeo y político;

Carlos Contreras Arias, salubrista distinguido, hijo del ingeniero en Minas Juan Contreras y la señora Aurora Arias, avecindados en Pachuca;

Raoul Fournier, transformador de la educación médica;

Luis Gutiérrez Villegas, iniciador del laboratorio clínico y presidente de la Academia Nacional de Medicina;

Javier Longoria, cirujano distinguido, alumno de José Palacios Macedo, maestro de Alfonso Álvarez Bravo, fundador de la Academia Mexicana de Cirugía, creador de una escuela urológica;

Teófilo Ortiz Ramírez, cardiólogo del grupo del maestro Chávez;

Samuel Ramírez Moreno, vanguardia de la neuropsiquiatría, fundador de la Sociedad Mexicana de Psiquiatría y de la Revista Mexicana de Psiquiatría, Neurología y Medicina Legal, así como rector de la Universidad Nacional;

Arturo Rosenbluth Stearns, neurofisiólogo, publica con Walter Cannon, es el creador de la computación junto con Norbert Wiener, fue el iniciador de la inteligencia artificial y la cibernética;
Gustavo Uruchurtu, higienista, político y funcionario;

Gerardo Varela, investigador, microbiólogo y parasicólogo, salubrista, director de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, IPN;

Conrado Zuckermann Duarte, extraordinario cirujano, oncólogo y ginecólogo, subsecretario de Asistencia de la SSA, fundador de la Revista Mexicana de Cirugía, Ginecología y Cáncer, director del Instituto Nacional de Cancerología y profesor de la Facultad de Medicina, UNAM; solo para mencionar a unos cuantos.

Esta generación dio extraordinarios médicos que influyeron de manera definitiva en el devenir de la medicina de su tiempo y de la medicina mexicana, con sus acciones, iniciativas y proyección; sirva el recuerdo de Pompeyo Cravioto para rendir un merecido reconocimiento a este grupo de entusiastas profesionales de la medicina, que como otros egresados de las universidades mexicanas son baluarte de trabajo, inventiva, acción y entrega en beneficio del pueblo de México.


En la Biblioteca Central de la UNAM se puede consultar su tesis: "Tratamiento de la diabetes azucarada por insulina. Tesis que para obtener el título de Médico Cirujano, presenta Pompeyo Cravioto Huguenin". Facultad de Medicina, UNAM, 20 pp., 1924. 

* Roberto Uribe Elías es médico cirujano especialista en ginecología y obstetricia, maestro en Ciencias Médicas y doctor en Ciencias. Profesor de Historia y Filosofía de la Medicina en la Facultad de Medicina de la UNAM, es autor de La invención de la mujer / Nacimiento de una escuela médica, coedición del Fondo de Cultura Económica y la Benemérita Universidad de Puebla 2002, y El pensamiento médico contemporáneo, publicado por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y la Sociedad Mexicana de Historia y Filosofía de la Medicina en 2007, entre otros títulos.

24 de enero de 2010

Alfonso Cravioto y la Revista Cvltvra Hidalgvense


Arq. Luis Corrales Vivar-Cravioto

Una muy acreditada revista cultural se publicó en Pachuca por los años treinta del siglo XX, antes de la segunda guerra mundial, se intitulaba Cvltvra Hidalguense Arte Literatura Ciencia.



Esta revista estaba engalanada con la participación de personas muy connotadas en el medio científico y cultural de esa época en Pachuca. Tenía como colaboradores entre otros a Medardo Anaya, Felipe N. Barros, César Becerra, Alfonso Cravioto, Francisco Gil, Luis Gómez Chico, Francisco Hernández, Teodomiro Manzano, Mauricio Magdaleno, Agustín Téllez Cruces y otros más. El director de dicha publicación, que costaba 20 centavos y ubicaba su sede en la 3ª de Matamoros núm. 37, era el profesor José Ibarra Olivares.

El primer número constaba de 10 artículos y estaba fechado el 1º de agosto de 1937. En este número, Alfonso Cravioto colabora con un ensayo que escribió en La Habana, Cuba. Es una brillante intervención jurídica de un problema de tipo internacional y diplomático que se suscitó en Cuba por cuestiones protocolarias. Sucede que en 1936 la república isleña intercambió representante diplomático con el Vaticano y al llegar el nuncio a La Habana surgió el problema del lugar que se le debería dar en la escala protocolaria junto con los embajadores de México, España y EUA. Al surgir el conflicto, Alfonso Cravioto hace alarde de sus conocimientos de Derecho Internacional y en carta dirigida al señor decano del Cuerpo Diplomático, contempla la Norma Jurídica Internacional, la somete al análisis con verdadero ingenio, sagacidad y cultura y establece normas interpretativas de ese punto de Derecho Internacional. El estudio no sólo tiene el mérito jurídico, sino también el de exégesis, manejando la lógica con ironía y con fuerza dialéctica.

En este mismo número 1 de la Revista mencionada, Agustín Téllez López, en ese tiempo juez de Distrito en el Estado de Hidalgo, escribe una glosa de dicho ensayo.

En el número 2 de la revista, Alfonso Cravioto colabora con un fragmento de su poema “Canto a la Raza”.

No obran en mi poder los números 3 y 4 de dicha revista, pero sí el número 5 fechado en diciembre-enero de 1938. En ella, Cravioto Mejorada presenta su bellísimo poema “Ser Primitivo” y también aparece su interesante cuento “La Máquina para destruir La Crisis”.

Para los pachuqueños que elaboraban la revista era muy valiosa la colaboración de Alfonso Cravioto, ya que en esos años el prestigio del entonces embajador era enorme por sus actividades como revolucionario, como constituyente, como funcionario público y como acreditado diplomático en varios países.

El director de la revista, el profesor José Ibarra Olivares, muy conocido y respetado en Pachuca por su sólida cultura y su trabajo en las aulas, tenía gran amistad con don Alfonso y seguramente él obtenía las colaboraciones del escritor y poeta.

Ahora, en enero del año 2011, en el aniversario del nacimiento de Alfonso Cravioto, recordamos su participación en esta revista y reconocemos su disposición de escribir en ella. Seguramente don Alfonso quería dar algo a su Pachuca, ciudad en que nació y a la que siempre quiso como cuna. Hay un estudio pendiente para realizar que se refiera a la relación Cravioto-Pachuca que fue muy sólida y que hizo posible el extraordinario poema que don Alfonso compuso para Pachuca y que presentó en una visita al Instituto Científico y Literario, hoy Universidad del Estado. Aquellas famosas palabras de “Pachuca, la de las calles quebradas y los hombres enteros…”.