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11 de octubre de 2026

“La huella de los hermanos Cravioto en Pachuca", una experiencia inmersiva.

El 10 de octubre de 2026 la familia Cravioto celebró una reunión diferente a las acostumbradas. El grupo coordinador de la familia convocó a la experiencia histórica La huella de los hermanos Cravioto en Pachuca, un recorrido diseñado para redescubrir la capital hidalguense a través de los lugares asociados con Francisco, Simón y Rafael Cravioto Pacheco.

Para el desarrollo de la actividad se contó con la colaboración de Guillermo Peredo, y su proyecto Mucho Pachuca, que preparó una experiencia inmersiva apoyada en guías especializados, materiales históricos, un mapa interactivo y recursos audiovisuales que permitieron contextualizar cada uno de los sitios visitados.

La fecha elegida resultó especialmente significativa. El recorrido se realizó casi 80 años después de que Alfonso Cravioto Mejorada convocara la primera reunión familiar de la que se tiene memoria: el 10 de noviembre de 1946, en el Bosque de Chapultepec de la Ciudad de México, y que es el origen de una tradición de encuentros familiares que continúa hasta nuestros días.

Asimismo, tuvo lugar en vísperas del aniversario del inicio de la Revolución de Tuxtepec, hecho que marcaría la estrecha vinculación de los hermanos Cravioto con el Estado Hidalgo.


Participantes en la experiencia "La huella de los hermanos Cravioto en Pachuca", realizada el 10 de octubre de 2026. La fotografía fue tomada en el actual Foro Cultural Efrén Rebolledo, antigua residencia del general Rafael Cravioto Pacheco.
Participantes en la experiencia “La huella de los hermanos Cravioto en Pachuca",
Antigua casa del general Rafael Cravioto Pacheco, actual Foro Cultural Efrén Rebolledo. 
10 de octubre de 2026.


Un recorrido por los veinte años de gobierno de los Cravioto

A diferencia de una visita turística convencional, todo el recorrido estuvo articulado alrededor de un tema central: los casi veintiún años durante los cuales los hermanos Cravioto gobernaron Hidalgo.

La caminata comenzó en los históricos Talleres de la Maestranza, uno de los espacios más representativos del pasado minero e industrial de Pachuca. A partir de ahí, los participantes recorrieron lugares emblemáticos del Centro Histórico, siguiendo una ruta diseñada para comprender cómo la historia de la ciudad y la de los Cravioto se encuentran estrechamente entrelazadas.

El recorrido incluyó el emplazamiento donde estuvo el Teatro Bartolomé de Medina, el Hotel de los Baños, el Reloj Monumental, el Hotel Grenfell, el edificio que albergó el Instituto Científico y Literario de Pachuca, la Casa Rule, el Monumento a Hidalgo en la Plaza Constitución, el antiguo Palacio de Gobierno y el exconvento e iglesia de San Francisco, entre otros edificios y espacios.

Las casas de Francisco y Rafael Cravioto Pacheco

Dos de las paradas tuvieron un significado especial para la familia.

La primera fue el actual Foro Cultural Efrén Rebolledo, instalado en la antigua residencia del general Rafael Cravioto Pacheco, gobernador constitucional del Estado de Hidalgo en los periodos 1877-1881, 1889-1893, 1893-1897 y 1897-1901 (renunció al cargo el 3 de noviembre de 1897).

Desde esta casa, ubicada en el corazón de Pachuca, Rafael Cravioto desarrolló una intensa actividad política y familiar. Hoy el inmueble funciona como espacio cultural y alberga exposiciones, conferencias, presentaciones de libros y diversas actividades artísticas.

La segunda visita destacada fue al Archivo General del Estado de Hidalgo, que ocupa la antigua casa de Francisco Cravioto Pacheco, gobernador constitucional del Estado en el periodo 1885-1889. El inmueble tiene una relevancia singular, pues actualmente resguarda buena parte de la memoria documental de Hidalgo, con biblioteca, hemeroteca, fototeca, archivos históricos y salas de exposición dedicadas a preservar y difundir la historia estatal.



Francisco Cravioto y la transformación de Pachuca

La visita permitió recordar también algunas de las obras más emblemáticas impulsadas durante el gobierno de Francisco Cravioto Pacheco. Durante su administración se promovieron proyectos destinados a embellecer y modernizar la ciudad, entre ellos el desaparecido Teatro Bartolomé de Medina y el Monumento a Miguel Hidalgo.

Frente al Monumento, los guías rememoraron la ceremonia de colocación de la primera piedra en 1886 y la historia de la urna depositada bajo sus cimientos.

Caminar la historia

Más allá de las fechas, los documentos o los edificios, la experiencia permitió comprender que la historia familiar también permanece viva en las calles, plazas y monumentos que forman parte de la vida cotidiana de una ciudad.

Ochenta años después de la reunión convocada por Alfonso Cravioto Mejorada, los descendientes de la familia volvieron a reunirse. Esta vez, para caminar la historia.

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Posdata

Reproduzco un comentario recibido el 12 de octubre:

“Gracias Mónica por la publicación, el esfuerzo de Mucho Pachuca y la Memoria de Pachuca al frente del Mtro. Memo Peredo, el apoyo de la Ing. Sandra Sánchez, lo anfitriones del Restaurant "Los Malacates" (Alma y Arturo), los guías Lic. en Turismo Josué y al Ing Efrén y la Coordinación de guías de tu servidor Especialista Mario Monzalvo nos congratulamos con la presencia de uds la familia Cravioto y el recorrido que preparamos para todos uds por 26 sitios emblemáticos de la ciudad de Pachuca".

2 de abril de 2013

La cápsula del tiempo escondida bajo el Monumento a Hidalgo de Pachuca

Uno de los monumentos más emblemáticos de Pachuca guarda, posiblemente, un secreto bajo sus cimientos.

Cuando en 1886 se colocó la primera piedra del Monumento a Miguel Hidalgo en la Plaza de la Constitución, las autoridades hidalguenses encabezadas por el gobernador Francisco Cravioto depositaron una urna con documentos, monedas y otros objetos representativos de su tiempo. Más de un siglo después, aquella cápsula del tiempo sigue despertando la curiosidad de quienes se interesan por la historia de la ciudad.

Sobre este episodio escribió la cronista de Pachuca, Sara Montes Romero, en un artículo publicado por El Sol de Hidalgo el 1 de abril de 2013. Por el interés que tiene para conocer tanto la historia del monumento como la participación de Francisco, Rafael y Simón Cravioto en aquel acontecimiento, reproduzco a continuación su texto.

Plaza de la Constitución de Pachuca, Hidalgo
Plaza de la Constitución, Pachuca, Hidalgo.


La cápsula del tiempo bajo el Monumento a Hidalgo

Por Sara Montes Romero
Cronista de Pachuca de Soto

La Plaza de la Constitución es la más antigua de Pachuca. Ubicada en el Centro Histórico, tiene una gran tradición, pues con ella se inició el trazo de la ciudad y fue el eje de las principales actividades de los pobladores.

Su historia ha sido contada a través del tiempo por los historiadores, destacando el monumento con la estatua del padre de la patria, don Miguel Hidalgo y Costilla, la cual fue considerada como la más hermosa de la república.


Monumento a Hidalgo, Plaza de la Constitución de Pachuca, Hidalgo.
Monumento a Miguel Hidalgo,
Plaza de la Constitución de Pachuca, Hidalgo.
Imagen: Fototeca Nacional, INAH.


Francisco Cravioto, impulsor del monumento

El diseño y construcción del monumento, con toda seguridad, fue encargado al escultor y arquitecto de origen italiano Cayetano (Gaetano) Tangassi, en el año 1886. Alguna vez se atribuyó su hechura a los hermanos Juan y Manuel Islas, artesanos de Real del Monte, y creadores del monumento fúnebre a Benito Juárez, en el Panteón de San Fernando; aunque es cierto que los mencionados hermanos hicieron una estatua del padre de la patria, ésta fue para la Ciudad de México, en el año 1872.

El inicio de la construcción fue muy importante, ya que dice la crónica que el diez de junio de 1886 se llevó a cabo la colocación de la primera piedra de la obra, iniciativa del gobernador Francisco Cravioto.


La ceremonia de colocación de la primera piedra

Ese día, desde muy temprano, la fuerza del Estado se formó en la Plaza de la Constitución, los acordes de la música se empezaron a escuchar, igual que los repiques de las campanas de la iglesia que anunciaban a los habitantes de este mineral acerca de la solemnidad de la ceremonia.

Después de las once de la mañana llegó la comitiva que había salido de la casa de gobierno, pasando a ocupar el estrado que había sido preparado. Al frente iba el gobernador; a sus lados, como era la costumbre en los grandes eventos, sus hermanos don Rafael y don Simón, ambos ex gobernadores del Estado, y los funcionarios del gobierno, que poco a poco fueron tomando sus lugares.

Porfirio Díaz con los hermanos Rafael, Francisco y Simón Cravioto.
Porfirio Díaz con Miguel Negrete,
los hermanos Cravioto y Félix Díaz, ca. 1895.
Colección Culhuacán, Fototeca Nacional, INAH.


Al inicio, el doctor Navarro tomó la tribuna como orador oficial, siendo muy aplaudido. Siguió el señor Valenzuela, quien improvisó algunas frases que animaron al público, para dar paso a la lectura del acta del momento que decía:

“Siendo los diez días del mes de junio de 1886, sexagésimo quinto de la Independencia Mexicana y décimo sétimo de la erección del Estado, el gobernador Francisco Cravioto, 5º Constitucional de la entidad, colocó solemnemente la primera piedra de este monumento...”

La cápsula del tiempo

Enseguida llegó el momento culminante cuando el gobernador Francisco Cravioto se levantó del sitial que ocupaba y descendió a la rampa, en cuyo fondo depositó la primera piedra, a la cual, de acuerdo con la antigua costumbre, se le adhirió una caja especial, una urna que contenía el mencionado pergamino original con el acta escrita con letras de oro; las diferentes monedas de plata y oro del cuño corriente de ese año, un calendario de los más exactos y el plano del monumento.

El proyecto del arquitecto Cayetano Tangassi

Ya para terminar el programa, se informó que el arquitecto Cayetano Tangassi sería el constructor del monumento, y éste obsequió al gobernador una copa y un cucharón de plata, verdaderas obras de arte, con inscripción alusiva al acto.

Por la tarde, Tangassi invitó a pasar a su taller y dio una explicación sobre el diseño, revelando que el monumento tendría doce metros de elevación y la base sería de piedra Chiluca del Estado de Hidalgo, con incrustaciones de mármol.

El tesoro de los pachuqueños

De lo anterior se desprende que a los pies de la estatua del padre de la patria, en la cimentación, se encuentra la mencionada urna que contiene un tesoro para los pachuqueños. Fue guardada hace casi ciento veintisiete años por los hombres que dirigían los destinos del Estado.


Tras leer el artículo de Sara Montes, la pregunta sigue abierta: ¿continúa bajo el monumento la cápsula del tiempo depositada en 1886? Si permanece intacta, resguarda uno de los testimonios más valiosos de la historia de Pachuca y de la participación de la familia Cravioto en la construcción del Hidalgo moderno.


28 de abril de 2012

Reconoce Hidalgo la vida y obra de Rafael Cravioto Muñoz

En sesión solemne en la sede del Congreso del Estado de Hidalgo, el 27 de abril de 2012, la LXI Legislatura entregó la medalla Miguel Hidalgo y Costilla 2011 al maestro, periodista y escritor hidalguense Rafael Cravioto Muñoz, como un reconocimiento post mortem a su aportación social y cultural al estado.

En la ceremonia, el gobernador José Francisco Olvera Ruiz, expresó: "Reconocer a mujeres y hombres como el maestro Rafael Cravioto Muñoz nos permite, a las generaciones actuales, recordar y recordarnos de lo que somos capaces los hidalguenses; es reconocer la mística que los movió en su momento histórico para ser artífices de obras y acciones que transformaron la conciencia y el rumbo de la sociedad".

Ante miembros de la LXI Legislatura; del rector de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), Humberto Veras Godoy; del titular del Poder Judicial, Valentín Echavarría, y del ombudsman del estado, Raúl Arroyo, entre otras personalidades, el mandatario hidalguense, en la tribuna, dijo de Rafael Cravioto:

"Su vida la condujo con rectitud, sirviendo con honestidad y lealtad. Siempre cultivó la amistad como base de una sociedad en crecimiento. Sus valores y principios se encaminaron, en todo momento, a no desorientar, a no evidenciar, a no poner en entredicho la unidad de propósitos, como valor supremo por el que la sociedad debería dirigir su rumbo".

Asimismo, Olvera Ruiz expresó que le significaba un gran honor entregar la medalla don Miguel Hidalgo y Costilla a Rafael Arturo, Alejandro y Acuarela, Cravioto Melo, hijos de Rafael Cravioto Muñoz, de quien citó una reflexión: "El hombre debe adquirir la experiencia de un buen lector y eso se logra sólo a través de un entrenamiento tan grande como la vida misma".


Además, el gobernador de hidalgo destacó de Rafael Cravioto Muñoz la capacidad para tender puentes de diálogo "que facilitaron la integración de la sociedad, sin enconos, y con la clara visión de que en unidad, sin dividirnos, es como se alcanzan las metas y los anhelos de los mexicanos". Unidos, agregó, “habremos de continuar con el camino que don Rafael nos trazó: trabajar con entrega y con dedicación para consolidar al estado de Hidalgo como una entidad en permanente crecimiento y desarrollo, cada día más democrática y más equitativa. Hidalgo, tierra de trabajo", enfatizó Olvera.


En su oportunidad, Rafael Arturo Cravioto Melo, hijo de Rafael Cravioto Muñoz, pronunció un sentido discurso de agradecimiento ante el pleno del Congreso. Recordó que su padre salió de la hacienda de El Zoquital con el sueño de ser médico, “el cual por distintas razones no pudo alcanzar; no obstante, sí se hizo hombre que luchó y defendió sus ideales”. La vida de su padre, destacó, siempre estuvo apegada al mundo de la cultura, de las letras y las artes, siempre en busca de tener un mejor estado. Y finalizó su participación citando el epitafio de Don Quijote de la Mancha, el cual, indicó, era utilizado constantemente por su padre quien en repetidas ocasiones aseguró querer “morir cuerdo y vivir loco”.

Por su parte, el presidente de la mesa directiva del Congreso, Julio César Estrada Basurto, recordó que la Medalla Miguel Hidalgo y Costilla se instituyó para reconocer, de manera post mortem, a hidalguenses que hayan aportado a las diversas áreas del conocimiento.


Orden del Día

Bienvenida:
Diputado Julio César Estrada Basurto,
Legislador local y presidente de la directiva del Congreso del Estado.

Lectura del Decreto que otorga la Medalla don Miguel Hidalgo y Costilla correspondiente al año 2011 al ilustre hidalguense Rafael Cravioto Muñoz, a cargo de la diputada Elva Leticia Chávez Guerrero.

Lectura de la semblaza de la obra del extinto Rafael Cravioto Muñoz, a cargo del diputado Julián Meza Romero.

Lectura de la Medalla don Miguel Hidalgo y Costilla y del pergamino, a cargo del diputado Julio César Estrada Basurto, presidente de la directiva del Congreso del Estado.

Intervención:
Dr. Rafael Arturo Cravioto Melo,
Hijo del extinto Rafael Cravioto Muñoz.

Mensaje:
Lic. José Francisco Olvera Ruiz,
Gobernador del Estado.

Himno Nacional a cargo de la Orquesta Sinfónica de Pachuca

Comisión de Protocolo que despide al gobernador del Estado



Fotografías cortesía de Raúl Arroyo.

Información de:

Raúl Arroyo

El Sol de Hidalgo: “Entregó Olvera presea Miguel Hidalgo”

Milenio: “Hidalgo reconoce la vida y obra de Rafael Cravioto”

Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo: "Entrega de medala Don Miguel Hidalgo y Costilla"

Criterio: “Para Cravioto, Miguel Hidalgo”

Hidalgo Sport: “Rafael Cravioto, Recibe el Post Mortem Miguel Hidalgo y Costilla 2011”

PuntoxPunto: “Otorgan la Medalla post mortem Miguel Hidalgo a Rafael Cravioto Muñoz”

Avanzando en Hidalgo: “Reconocen legado de Rafael Cravioto Muñoz”

Hora 25: “Rafael Cravioto Muñoz, hidalguense que dejó gran legado al estado”

Diario Plaza Juárez: “Entregan medalla Miguel Hidalgo a familiares de Rafael Cravioto”

El Independiente: “Medalla a la memoria de Rafael Cravioto”

Vía Libre: “Rafael Cravioto recibe presea Miguel Hidalgo post mortem”

Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo: "Entrega de medalla "Don Miguel Hidalgo y Costilla"

Síntesis: "Estado honra la labor de Rafael Cravioto"


Notas relacionadas

Rafael Cravioto Muñoz, Medalla Miguel Hidalgo y Costilla 2011

Primos y alcaldes Cravioto

24 de junio de 2011

Casa de Catalina Cravioto en Pachuca: historia, arquitectura y legado familiar

En la siguiente nota de El Sol de Hidalgo, Luis Corrales Vivar reconstruye la historia de la casa de Catalina Cravioto Calva, una de las residencias más emblemáticas del centro histórico de Pachuca. Ubicada en la calle de Zaragoza, esta finca constituye un importante referente del patrimonio arquitectónico de Hidalgo por su diseño de influencia francesa y por su vinculación con diversos episodios de la historia de la ciudad

¿Quién fue Catalina Cravioto Calva?

Hija del general Rafael Cravioto Pacheco y Clotilde Calva Andrade, nació en Huauchinango, Puebla, en 1876. A los dieciséis años contrajo matrimonio con Ezequiel Téllez Girón Rojas (1867-1970), comerciante de veintiséis años, hijo de Silvestre Téllez Girón y Dolores Rojas. La ceremonia religiosa tuvo lugar en noviembre de 1893, en la parroquia de la Asunción de María, en Pachuca, Hidalgo.

El 31 de enero de 1895 nació el único hijo del matrimonio. Fue bautizado como José Ezequiel Pompeyo, el 2 de mayo siguiente, en la parroquia de San Francisco. Sus padrinos fueron Pompeyo Cravioto Calva, hermano de Catalina, y la esposa de éste, Stenie Huguenin. Sin embargo, el niño falleció a muy corta edad y la pareja no tuvo más descendencia

Catalina y Ezequiel establecieron su residencia en la calle de Zaragoza, en el centro de Pachuca.

Con el paso de los años, doña Catalina adquirió un lugar especial dentro de su extensa parentela. Su larga vida, la ausencia de descendencia propia y su cercanía con varias generaciones contribuyeron a que fuera reconocida como una figura de referencia y unión familiar. Por ello, es recordada por numerosos familiares como una auténtica matriarca, respetada y apreciada por quienes acudían a su hogar en busca de consejo, compañía o simplemente para mantener vivos los lazos familiares.

Falleció en 1970, después de haber vivido casi noventa y cuatro años. Su memoria permanece ligada a la historia de la familia Cravioto y a la emblemática casa de la calle de Zaragoza.


La casa de Catalina Cravioto Calva

Es una residencia construida en 1893 con una marcada influencia francesa, característica de la arquitectura porfiriana. Destaca por sus sólidos muros de piedra, amplios balcones, elegantes trabajos de herrería, una escalera de cantera y un espacioso patio central de doble altura.

A lo largo de su historia, la propiedad ha tenido distintos propietarios y usos, entre ellos el de Hotel Pruneti, antes de ser adquirida en 1917 por Catalina Cravioto Calva y Ezequiel Téllez Girón.

Casa de Catalina Cravioto Calva y Ezequiel Téllez Girón Rojas, ubicada en el centro histórico de Pachuca, Hidalgo.
Casa de Catalina Cravioto Calva.
Imagen generada por IA a partir de una foto de Google Maps.



Nota de Luis Corrales Vivar

“La calle de Zaragoza"

5 de junio de 2011

En el centro histórico de Pachuca existe una calle que parte de la Plaza Independencia y rumbo al Norte termina ante el Mercado Hidalgo, muy concurrido por los productos que ofrece (es, digamos, el Galerías de la gente del centro).

Esta calle de Zaragoza, llamada así en honor al ganador de la batalla del 5 de mayo contra los franceses, es, dentro de la historia de la ciudad, más o menos reciente, ya que en la época colonial no existió.

Hay fotografías en donde se contempla el mismo teatro Bartolomé de Medina en la parte sur de la Plaza Independencia y aún no está ni trazada ni delimitada la calle de Zaragoza. Desde el Río de las Avenidas, a la altura de la Plaza Constitución hasta la calle de Guerrero, no hay calles, ni Allende ni Zaragoza, sólo hay un gran solar con algunas construcciones efímeras y de materiales muy deleznables.

Esta calle vino a ser lo que ahora es aproximadamente en el último cuarto del siglo diecinueve; es decir, su existencia coincide con el arribo del general Rafael Cravioto a la gubernatura al inicio del porfiriato. Ya durante los últimos diez años del diecinueve empiezan a construirse casas en dicha rúa.

Durante los primeros veinte años del siglo veinte la calle se pobló de casas y construcciones; unas buenas, otras no tanto. Cabe mencionar que a mediados de los años cuarenta, el doctor Enrique Rojas Corona mandó hacer en esta calle su casa, del lado Oriente, y para ello contrató a uno de los mejores arquitectos del país, el maestro Carlos Lazo, quien llegó a ser secretario de Comunicaciones y Obras Públicas y también fue presidenciable, y quizá por eso truncó su vida un accidente aéreo al llegar de una gira en las afueras de la ciudad de México, terminando así la vida de un gran planeador, cuyas ideas sobre los proyectos macro en materia de carreteras y rutas en el país siguen siendo vigentes, aún después de sesenta años de su muerte. Esta casa existe, aunque le añadieron en los setenta un tercer piso que no tiene nada que ver con la calidad del proyecto original.

Cerca de la esquina del lado Norte, en el costado izquierdo de acuerdo a la circulación vehicular, había cuatro casas que habitaban las familias del doctor Manuel Rojas Corona; la señora Esperanza Herraez, de gratísima memoria; la familia Gutiérrez Straffon, de las mejores de Pachuca, y otras familias que rentaban esas casas de arquitectura moderna de los años treinta y que estaban muy decorosas. Varias familias han vivido y hecho parte de su vida a esta calle, como los Leiza, los Bocardo, los Pérez Rodríguez, los Rivero Nava y otros.

También aquí estuvo en los años sesenta, el Juzgado de Distrito, de carácter federal. Recuerdo al juez, licenciado Díaz Soto, que por las tardes se salía al balcón a refrescarse y saludar a medio mundo.

Muchos años vivió en esta calle la señora Cravioto de Téllez Girón con su esposo, don Ezequiel de tales apellidos. Era llamada cariñosamente señora Catita y más de treinta años fue la más importante integrante de la familia Cravioto, ya que venían muchos Cravioto a visitarla desde México y Huauchinango. Ella fue hija del general Rafael Cravioto y se casó en la Casa de Gobierno, cuando su padre era el gobernador (en el Palacio de la Plaza Constitución).

De esta casa en Zaragoza donde vivía la señora Cravioto diremos:

“En el ahora número 112 de la calle de Zaragoza del centro de la ciudad de Pachuca, el licenciado Ramón Riveroll, en el año de 1893, según consta en los archivos que conservan la licencia de construcción, mandó edificar una finca de estilo francés que requería para su habitación y solaz. Gruesos muros de piedra, envigados de fierro, entrepisos de reluciente lámina acanalada con terrado, polines y duela de maderas duras para los pisos; herrería forjada, en roleos abundante, remachada, no soldada; balconería profusa, altas y esbeltas puertas y contrapuertas de recio encino, escalera empotrada y en cantiliber, de cantera de Tezoantla, patio central amplio, asimétrico y de doble altura; finos tapices y algunos plafones decorados con pintura artística a mano; fachada ornamentada con estuco en trazos rectos y curvos y manzarda de lámina que corona y remata el frontispicio”. 

Riveroll era el secretario general de gobierno en la administración del general Rafael Cravioto. Al término de sus encargos, al finalizar el siglo diecinueve, Riveroll faltó a la lealtad con su jefe el gobernador Cravioto al conspirar contra él ante [José Yves] Limantour y los científicos, asunto del que se enteró el general y hubo rompimiento. Por lo mismo, Riveroll salió de Pachuca y la casa fue vendida a una familia italiana que estableció en ella el Hotel Pruneti. 

Como dato histórico diremos que en el restaurante del Hotel Pruneti se reunían los precursores hidalguenses de la revolución mexicana para conspirar contra el régimen de Porfirio Díaz. Al estallar la revolución fueron puestos en prisión los conspiradores y el dueño del restaurante, don Luis Pruneti. Al poco tiempo salieron y el triunfo maderista fue el triunfo de ellos. Dos fueron después gobernadores del Estado: Jesús Silva y Ramón M. Rosales. El italiano emigró y al principio de la segunda década del siglo veinte le vendió la casa a una familia de comerciantes de Huauchinango que se estableció en Pachuca. 

Posteriormente en 1917, compraron la casa el señor Ezequiel Téllez Girón y su esposa, la señora Catalina Cravioto Calva, que hemos mencionado, y se establecieron ahí adonde hasta la fecha viven sus familiares.

Miles de historias encierra cada calle de Pachuca, sólo hay que relatarlas para enriquecernos.

24 de enero de 2011

Alfonso Cravioto y la Corporación Patriótica Privada

En este artículo, que publica hoy El Sol de Hidalgo, Juan Manuel Menes Llaguno se refiere a la Corporación Patriótica Privada en la que participó activamente don Alfonso Cravioto Mejorada.

El 18 de julio de 1901 y la represión porfirista


Por Juan Manuel Menes Llaguno
Cronista del Estado de Hidalgo


Pachuca, Hidalgo.- Sin duda, la creación, en Pachuca, de la Corporación Patriótica Privada, el 27 de mayo de 1900, como organismo opositor de la política porfirista, fue el inicio de una cadena de acontecimientos premonitorios que presagiaron el fin del antiguo régimen. La Corporación, integrada por prominentes intelectuales, fue presidida por Fernando P. Tagle, a quien acompañó como vicepresidente el doctor Eduardo del Corral, así como los profesores Aurelio Jaso, como tesorero; Teodomiro Manzano, como primer secretario; el joven estudiante Mariano Lechuga, como segundo secretario; Luis B. García y los señores ingeniero Arcadio Ballesteros, profesor Eduardo Luque y doctor Agustín Navarro Cardona, como vocales.

Imagen: Mexicana, Repositorio del
Patrimonio Cultural de México

La primera actividad pública organizada por este grupo fue la celebración, el 18 de julio de 1900, del vigésimo octavo aniversario de la muerte de Benito Juárez. Con este motivo, el semanario local, El Reconstructor Hidalguense, señalaba que la manifestación que en honor del Benemérito de las Américas organizó la Corporación Patriótica Privada, el pasado día 18 de julio en este mineral, no ha tenido precedente. La ciudad estaba empavesada, por todas partes ondeaban banderas, flámulas y gallardetes tricolores, y hasta en las más humildes cabañas del cerro se ostentaba el retrato del héroe, no obstante los comercios de las céntricas calles decidieron no respaldar a los oposicionistas y sólo en los mercados se colocaron crespones luctuosos.

Al año siguiente, miembros de la Corporación participan de manera muy activa en la celebración del Congreso Liberal de San Luis Potosí, efectuado el 5 de febrero de 1901. Ese mismo año se sumaron a sus filas personajes como el joven abogado Alfonso Cravioto Mejorada, quien encabeza la publicación del periódico oposicionista El Desfanatizador, cuyo primer número apareció el 8 de septiembre de ese mismo año con notas que reflejaban fielmente el espíritu independiente y anticlerical de sus miembros y colaboradores, entre quienes además de Cravioto se encontraban don Francisco de Paula Castrejón, Francisco Noble y Rodolfo García Ramírez.

Sin embargo, la actividad más importante de ese año fue la planeación de la celebración del vigésimo noveno aniversario de la muerte de Juárez, para la que los organizadores acariciaron la idea de superar las expectativas del año anterior, y al efecto redactaron un folleto de obsequio que maquiló la imprenta Tipografía Moderna, propiedad de Luis B. García, vocal de la Corporación, ubicada en Plaza de la Independencia número 2, cuyo tiraje de dos mil ejemplares no tenía precedentes editoriales, dado que la mayor parte de las publicaciones de entonces alcanzaban regularmente los quinientos ejemplares.

A pesar del gran esfuerzo desplegado por los miembros de la Corporación, la policía disolvió la manifestación del 18 de julio, de modo que los organizadores tuvieron que conformarse con el simple reparto del folleto ya referido. Cuatro días después los estudiantes del Instituto Científico Literario inician varios actos de protesta en contra del jefe político de Pachuca, Antonio Grande Guerrero, y del mayor Eugenio Pacheco, jefe de la Policía municipal.

Estas manifestaciones en contra de la política porfirista fueron la simiente para que nueve años después la revolución encontrara su mayor sustento. A ciento diez años, aún se recuerda la primera represión ideológica del siglo XX. La ceremonia proyectada por la Corporación no se efectuó, pero la circulación de aquel folleto logró perennizar la ideología liberal que dejaron en sus páginas los integrantes de la Corporación Patriótica Privada de Pachuca, semillero de otras muchas creadas en el estado en aquellos años.


15 de noviembre de 2010

Médicos del Centenario II: Pompeyo Cravioto Huguenin, 1898-1962

El siguiente artículo fue escrito por el doctor Roberto Uribe Elías.*

Entramos al salón de los de Tercero, iba a ser la primera clase de la tarde, el sol iluminaba el fondo del salón, el estrado tenía luminosidad suficiente; entró un profesor con traje oscuro, no negro, quizá gris oscuro, con una cabellera quebrada entrecana, de antejos, con nariz afilada; era el profesor de Patología Quirúrgica, lo conocíamos en la calle, de pasada, serio, poco sonriente, con voz de autoridad y que, sin dejar ninguna duda, se había apoderado de la atención y del interés de nuestro grupo.

Sus palabras no dejaron lugar a ninguna duda, él era el que guiaba y decidía, nosotros a hilar finito y con buena letra.

Era Pompeyo Cravioto [Huguenin] o como sus amigos le decían, Pin Cravioto. De principio no se subió al estrado, su estatura, que era algo más que media, lo hacía no necesitarlo para imponerse al grupo.

Sin dejar espacio, nos dijo qué pretendía de nosotros y qué íbamos a obtener de esa clase, el texto, como todo lo demás, no tenía duda, era el único y era el bueno y adecuado, se trataba del Forgue con sus dos tomos.

Entonces no sabíamos que era un texto antiguo, quizá pasado de moda y, peor aún, no actualizado. Pero era el Forgue y ahí íbamos a obtener el conocimiento, para enfrentarnos en la clase a Pin Cravioto.

Quedó claro que él nos introdujo, sin lugar a dudas, a la inflamación, a su relación con la infección, el traumatismo y la respuesta del organismo del hombre, desde la célula hasta lo sabido de la inmunología.

Después, el manejo inicial y definitivo del trauma, de las condiciones agudas y la necesidad de tomar decisiones, como médicos, basados en el conocimiento científico desde la célula, la asepsia y antisepsia, la disciplina quirúrgica y la sapiencia de la estructura anatómica, todo ello completaba el marco de referencia, que como médicos deberíamos tener siempre ante los problemas que tendríamos que enfrentar; conocimiento, disciplina y decisión, para actuar, siempre actuar, el médico no pude ser pasivo o indiferente ante los problemas del hombre y la vida.

La personalidad del doctor Cravioto pronto mostró su carácter, personalidad y proyección, era fuerte de carácter, parecía osco y autoritario, pero estaba dispuesto a borrar nuestra ignorancia en el terreno médico, era disciplinado, nunca faltaba y era muy puntual.

Pompeyo Cravioto Huguenin había nacido en Pachuca, Hidalgo, el 29 de octubre de 1898, su padre Pompeyo Cravioto Calva su madre Stenie Huguenin, de origen suizo. Realizó sus estudios primarios en la escuela laica Melchor Ocampo dirigida por el distinguido y muy famoso profesor Francisco Noble, guía de múltiples generaciones de hidalguenses. Pasa al Instituto Científico y Literario del Estado, también en Pachuca, y de ahí ingresa a la Escuela Nacional de Medicina, en la Ciudad de México en 1918, tiene un desempeño distinguido, obteniendo diplomas honoríficos en los años primero, tercero, cuarto, quinto y sexto de la carrera. Realiza su tesis profesional con el título "Ligeras consideraciones acerca del tratamiento de la diabetes azucarada por la insulina" en Pachuca. Presenta su examen profesional en 1924 y regresa a ejercer su profesión a su ciudad natal.

Ingresa poco tiempo después a la Compañía Minera Real del Monte y Pachuca, recibiendo la instrucción de ser médico de la propia compañía en el mineral de El Chico, donde trabaja cuatro años, por haberse extinguido el mineral y cerrado la mina, se traslada a Pachuca ejerciendo la profesión de manera privada, en sus Memorias él califica de "ejercer la profesión liberal".

En Pachuca es invitado a ocupar la cátedra de Química Mineral e Inorgánica en el Instituto Científico y Literario, iniciando una larga experiencia docente y una influencia, no siempre conocida, en el desarrollo y evolución primero de Instituto Científico y Literario de Pachuca y después como catedrático fundador de la Escuela de Medicina, dependiente del propio Instituto en 1945.

Sin dejar nunca sus cátedras, inicia su labor como jefe de Salubridad del Estado; pero en un corto plazo regresa a prestar sus servicios a la Compañía Real del Monte y Pachuca desde 1934, de la que nunca se separaría, hasta el día de su muerte. En 1938 es ascendido al puesto de jefe de los Servicios Médicos de la propia compañía. Su dedicación a su labor en el ámbito minero es muy reconocida, integrando servicios locales, formando hospitales con recursos modernos y llegando a establecer una gran clínica minera en Pachuca.

Al fundarse la Escuela de Medicina el 12 de febrero de 1945 dependiente del Instituto Científico y Literario (el cual adquiriría la autonomía en 1948) fue profesor de Química Biológica que impartió muchos años (1956), para después tomar la responsabilidad de la materia de Patología Externa que impartiría hasta su deceso (la cátedra cambió de nombre para llamarse Patología Quirúrgica y a veces se le agregaba lo de Externa). Siguiendo la costumbre de la época realiza visitas profesionales a instituciones hospitalarias de los Estados Unidos de Norteamérica.
Asiste a diversos congresos nacionales e internacionales, como el Congreso de Silicosis y Tuberculosis en Saranac Lake [Nueva York] en 1941.

Participa en la organización de reuniones médicas realizadas en Pachuca, Hidalgo, y presenta comunicaciones de su experiencia en dichos congresos nacionales, sobre todo en casos de fracturas óseas y su manejo adecuado. Desde esa época él califica su acción profesional como la de un osteólogo.

Con todo lo anterior, él trabaja honoríficamente en el Hospital Civil de Pachuca, estableciendo un servicio de traumatología y ortopedia y, en la medida en que la Escuela de Medicina crece en recursos humanos y existe un mayor número de médicos en formación y médicos recién egresado, comienzan a formar su experiencia a su lado, trata de iniciar una Escuela.

Los congresos médicos del Centro comienzan a ser foros científicos en los que su participación es reconocida.

Pertenece a un grupo selecto de médicos hidalguenses preocupados por el desarrollo del conocimiento, por lo tanto buscan consolidar al Instituto Científico y Literario, logrando la creación de la escuela de Medicina, la autonomía y ulteriormente sin dejar de pensar en la erección de una universidad, acorde con las circunstancias del momento. Era un hombre en el círculo de sus amigos, bromista, alegre con un sentido del humor fino, que hacía de su presencia indispensable en las tertulias.

Fue miembro del Club Rotario de Pachuca y en 1950-1951 fue electo presidente de dicha organización.

Siguiendo su vocación altruista, se preocupó por dotar de equipo moderno de avanzada al recién inaugurado Hospital Infantil de Pachuca y junto con su director, el doctor Guillermo Coronado, realizó dicho equipamiento que permitió el despegue exitoso de dicho nosocomio para beneficio de la población infantil de todo el estado de Hidalgo.

El doctor Cravioto fue un hombre distinguido pero discreto, participó en los grandes acontecimientos de la evolución de la formación de la juventud hidalguense, pero sin aspavientos, no reclamó para sí puestos ni honores, su labor era acción callada pero definitiva.

Su actuar en la cátedra fue hasta su último día ejemplo de disciplina, dedicación y sapiencia; nunca escatimó el otorgar su experiencia los jóvenes a los que conducía, daba oportunidad y formaba a los jóvenes médicos que lo rodeaban, formando enjambre. Formó uno de los pocos equipos profesionales que eran ejemplo en su labor del Hospital Civil de Pachuca, el paso de visita, el análisis y discusión de los casos, el planteamiento de los posibles tratamientos, su discusión y la realización de los mismos, en equipo, fueron modelo de actividad profesional; no sólo participaban alumnos, médicos jóvenes, sino médicos ya formados, que incorporados a su equipo enriquecían el desarrollo de la clínica de traumatología y ortopedia, creando escuela.

Tuvimos el privilegio de recibir sus enseñanzas, no sabíamos que era el final de la jornada del maestro, para nosotros, ellos, nuestros maestros, estaban ahí, antes que nosotros, con nosotros y percibíamos, de manera juvenil y optimista, que estarían después de nosotros.

La experiencia de sus lecciones fue clara, incontrovertible, tenía la diáfana sabiduría de mostrar lógicamente el razonamiento de sus planteamientos; era un tomador de decisiones y de una acción justa, firme e inmediata.

Sus clases se transformaron en un reto para todos nosotros, nos iba abriendo el panorama histórico de cómo el hombre médico llego a ser más útil, más científico, más comprensivo siendo médico y cirujano.

La disciplina inculcada por él, no la olvidamos, va con nosotros en nuestro pensar y nuestra acción.

La sorpresa fue innegable el 12 de septiembre de 1962, nuestro maestro había fallecido repentinamente de un infarto al miocardio.

Sus enseñanzas están ahí, en las múltiples generaciones que fuimos sus alumnos; la estabilidad del ICLA y de la Escuela de Medicina, son una obra en la que participó calladamente, el servicio de traumatología y ortopedia del Hospital Civil es otra prueba más, su acción en los servicios médicos mineros son un pilar más, su sentido caritativo y de solidaridad está presente en su actuar como médico y rotario, en fin la obra y la acción práctica de Pompeyo Cravioto están ahí, son base para seguir construyendo. Nosotros conservamos la obra de Forgue, enriquece nuestra biblioteca como lo ha hecho con nuestras mentes y nuestra experiencia; para uno de nosotros (Uribe Elías) me permitió salvar una vida en el Servicio Social, así de simple y así de trascendente. Fue un médico pachuqueño de pura cepa, se entregó al conocimiento para servir a su terruño, en todos los órdenes, lo logró hasta el último aliento; es uno de nuestro pilares poco conocidos que participó, en lo que ahora somos.

Una palabra más, Pin Cravioto perteneció a Una Generación Excepcional, la 1918-1924, que va a caracterizar en mucho a la medicina mexicana, por sus aportes en la acción profesional, la organización de la medicina moderna, su injerencia indiscutible en la Escuela de Medicina de la UNAM, al grado de convertirla en Facultad, la brillantez de sus integrantes y la fuerza que imprimieron para la trasformación de los grandes capítulos de la medicina mexicana.

A esta generación pertenecieron los pachuqueños Librado Gutiérrez y José Efrén Méndez; y solo para señalar a unos cuantos enumeraré:

Juan Andrade Pradillo, iniciador de la otorrinolaringología, vanguardia en el Hospital General de México;

Gilberto Bolaños Cacho, vanguardia en la medicina del boxeo y político;

Carlos Contreras Arias, salubrista distinguido, hijo del ingeniero en Minas Juan Contreras y la señora Aurora Arias, avecindados en Pachuca;

Raoul Fournier, transformador de la educación médica;

Luis Gutiérrez Villegas, iniciador del laboratorio clínico y presidente de la Academia Nacional de Medicina;

Javier Longoria, cirujano distinguido, alumno de José Palacios Macedo, maestro de Alfonso Álvarez Bravo, fundador de la Academia Mexicana de Cirugía, creador de una escuela urológica;

Teófilo Ortiz Ramírez, cardiólogo del grupo del maestro Chávez;

Samuel Ramírez Moreno, vanguardia de la neuropsiquiatría, fundador de la Sociedad Mexicana de Psiquiatría y de la Revista Mexicana de Psiquiatría, Neurología y Medicina Legal, así como rector de la Universidad Nacional;

Arturo Rosenbluth Stearns, neurofisiólogo, publica con Walter Cannon, es el creador de la computación junto con Norbert Wiener, fue el iniciador de la inteligencia artificial y la cibernética;
Gustavo Uruchurtu, higienista, político y funcionario;

Gerardo Varela, investigador, microbiólogo y parasicólogo, salubrista, director de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, IPN;

Conrado Zuckermann Duarte, extraordinario cirujano, oncólogo y ginecólogo, subsecretario de Asistencia de la SSA, fundador de la Revista Mexicana de Cirugía, Ginecología y Cáncer, director del Instituto Nacional de Cancerología y profesor de la Facultad de Medicina, UNAM; solo para mencionar a unos cuantos.

Esta generación dio extraordinarios médicos que influyeron de manera definitiva en el devenir de la medicina de su tiempo y de la medicina mexicana, con sus acciones, iniciativas y proyección; sirva el recuerdo de Pompeyo Cravioto para rendir un merecido reconocimiento a este grupo de entusiastas profesionales de la medicina, que como otros egresados de las universidades mexicanas son baluarte de trabajo, inventiva, acción y entrega en beneficio del pueblo de México.


En la Biblioteca Central de la UNAM se puede consultar su tesis: "Tratamiento de la diabetes azucarada por insulina. Tesis que para obtener el título de Médico Cirujano, presenta Pompeyo Cravioto Huguenin". Facultad de Medicina, UNAM, 20 pp., 1924. 

* Roberto Uribe Elías es médico cirujano especialista en ginecología y obstetricia, maestro en Ciencias Médicas y doctor en Ciencias. Profesor de Historia y Filosofía de la Medicina en la Facultad de Medicina de la UNAM, es autor de La invención de la mujer / Nacimiento de una escuela médica, coedición del Fondo de Cultura Económica y la Benemérita Universidad de Puebla 2002, y El pensamiento médico contemporáneo, publicado por la Universidad Autónoma de Aguascalientes y la Sociedad Mexicana de Historia y Filosofía de la Medicina en 2007, entre otros títulos.

9 de abril de 2010

Salvador Cravioto, 65 Aniversario

Hoy, hace 65 años, Salvador Cravioto Plata contrajo matrimonio con María Antonieta Azcasíbar Hernández





La siguiente imagen corresponde al matrimonio civil.
Al centro, sentada, está la novia. A su izquierda, de pie, Salvador Cravioto Plata, seguido de Raquel viuda de Azcasíbar (madre de la novia), Pompeyo Cravioto Calva (padre del novio) y Francisca Plata Moreno (tía del novio, en representación de su madre, Justina Plata, ya fallecida). Los niños que están al frente son: la mayor, María Gloria Moya Huerta; la pequeña, Olga Trevethan Cravioto, y al centro, Sergio Trevethan Cravioto.




El matrimonio religioso se llevó a cabo en la iglesia de la Asunción, en Pachuca, Hidalgo.



Salvador Cravioto Plata fue hijo de Pompeyo Cravioto Calva y Justina Plata Moreno. Nació en Pachuca, Hidalgo el 2 de julio de 1907 y falleció el 13 de octubre de 1967. A su vez, María Antonieta Azcasíbar Hernández fue hija de Pedro Azcasíbar Arietaorbe y Raquel Victoria Hernandez Ramírez. Nació en Pachuca, Hidalgo el 19 de octubre de 1917 y falleció el 18 de noviembre de 2000.

En su matrimonio, que duró 22 años, Salvador y María Antonieta procrearon tres hijos: María Antonieta, Pompeyo y María Guadalupe.

Esta nota se publica con información e imágenes proporcionadas por la arquitecta María Guadalupe Cravioto Azcasíbar, hija de Salvador Cravioto Plata y María Antonieta Azcasíbar Hernández.

7 de marzo de 2010

“Pachuca, cumbres y abismos" carta de Luis Corrales Vivar

En su epístola para Mi Pachuca / 70 Cartas a la Bella Airosa, Luis Corrales Vivar se centra en la historia de la ciudad y su traza urbana, destacando sus luces y sus sombras.



Pachuca, cumbres y abismos

Arq. Luis Corrales Vivar


A la Ciudad de Pachuca:

Te escribo esta carta para decirte algunas cosas que pienso de ti. He titulado esta epístola como “Pachuca cumbres y abismos”. Creo que por el cariño que te tengo voy llamarte como todos te conocen, La bella airosa, ya sabemos los que te somos cercanos, que de los dos adjetivos pesa más el de bella, por eso así te llamaré: Bella.

Sé que tienes cumbres y abismos, sombras y luces, cimas y simas y te diré porqué. Cuando pienso en los mineros explotados de manera inhumana durante los tres siglos de la colonia, y todavía en el México independiente, -hechos que escandalizarían ahora a todos estos personajes de los derechos humanos-; cuando recuerdo que miles de tus hijos vivieron cortas vidas en tus entrañas sacando el mineral para beneficio de unos cuantos, sin salario justo y en condiciones nulas de seguridad e higiene; cuando recuerdo la cantidad de vidas perdidas entre el azogue y la silicosis; cuando recapacito en que su promedio de vida no rebasaba los 30 años y que sus expectativas eran inciertas y sin posibilidad de desarrollo o de progreso, entregando día a día la salud y la fuerza por enriquecer a los extraños, me permito asegurarte que estoy hablando de una de tus sombras.

Así también me permito argumentar, bella, que cuando el sevillano Bartolomé de Medina descubre aquí en tus terrenos el sistema llamado de patio para beneficiar el mineral y obtener mayor cantidad de plata por tonelada extraída, asunto que revolucionó en todo el mundo la producción de plata y podemos decir que platalizó la economía de Europa y América, me convenzo de que estoy ante una de tus cumbres. Qué importante debes haberte sentido por este descubrimiento. Cima también fue el hecho de que en la búsqueda de los terrenos planos para establecer las haciendas de beneficio que el sistema de Medina exigía, tu asiento se haya trasladado del original emplazamiento en la cañada que forman las orillas de los cerros San Cristóbal y La Magdalena hacia abajo y hayas derramado tu crecimiento hacia el sur en el valle en donde ahora se localiza el Centro Histórico, convirtiéndote de un caserío en la cañada a una ciudad con terrenos planos, amplios y con posibilidades de crecimiento.

Sima por el contrario que debido a esa topografía y al descuido de quienes mandaban en tus límites hayas padecido, bella y triste, las inundaciones que dañaron tus calles, casas y lastimaron a tus hijos. En especial, profunda sima, la del 49 del siglo XX que se llevó con el torrente embravecido a más de 200 pachuqueños, entre ellos muchos niños que salían a esa hora de la media tarde de la escuela y nunca llegaron a sus casas.

Cumbre es en cambio tu clima templado tendiendo a frío que contiene una atmósfera clara y transparente que se limpia diariamente con el viento que, para mí, soplan ángeles y querubines desde el norte y que, ayudados por los pasillos estrechos de la cañada, conducen los movimientos de aire -oxigenados por los bosques del hinterland- sobre el cielo tuyo, consiguiendo esta maravillosa limpieza y regalándonos en ocasiones lluvias frescas y saludables que limpian calles y drenes. Por eso te consideramos airosa, y bella, claro.

Victoria también la de tu subsuelo, lleno de plata y oro, que además es sólido y fuerte, ya que aunque estamos cerca de las fallas geológicas que del Occidente se adentran en el centro del país, tú no tienes las temibles sacudidas que aterrorizan a los pobladores y dañan la habitación y la infraestructura de calles y avenidas. Cuando en tu hermana mayor, la Ciudad de los Palacios que dijera Humboldt, tiembla y se caen edificios, tú permaneces estática y de pie. Esa es una victoria con la que la naturaleza te ha coronado siempre, bella.

Cima tu gente. Las mujeres y los hombres que amorosamente cobijas: nobles, alegres, entusiastas, llenos de optimismo, que diario caminan, trabajan, luchan y se superan entre tus escuelas, oficinas, comercios, edificios y que constantemente buscan la forma de mejorarte, porque se sienten orgullosos de ti, claro… eres para nosotros, como dijera Alfonso Cravioto: Novia, madre y maestra.

Orgullo ahora también tu rápido crecimiento hacia el valle del sur, hacia la sabana de Huaquilpan, hacia los planos terrenos llamados también de San Javier, esa es la bella moderna, con nuevas avenidas, centros comerciales, edificios contemporáneos, plazas y jardines, la bella novelle. Así que tienes un origen remoto, un emplazamiento con historia, un presente moderno y un futuro formidable.
Cumbre la presencia del monumento a Cristo Rey, obra de Alfonso Romero, el párroco de San Francisco, que la levantó prácticamente de la nada y la conserva y cuida, que enseñorea toda tu extensión y bendice tus casas y tu gente desde la cima de santa Apolonia, el monte en donde Rodríguez de Salgado descubrió en 1552 la primera mina de tus entrañas.

Sima tu vialidad. Nunca nadie pensó que entre tus calles de los siglos XVI y XVII habrían de circular 300 años después, miles de automóviles, camiones y todo tipo de vehículos de movimiento autónomo, llegando a congestionar tus calles y en ocasiones a paralizar la circulación sobre todo en tu centro histórico. Habremos de hacerte algo, porque esta vialidad en la parte tradicional de tu casa, puede provocarte un infarto y no en el miocardio sino en el Mercado Hidalgo y zonas circundantes que es donde se traba todo. Ya se te hicieron estudios y análisis, pero no ha habido medicina ni tratamientos.

Cima tu vocación de ciudad universal, resultado de la convivencia en tu núcleo social de extranjeros de muchas partes. Tu has sido siempre hospitalaria: ingleses, españoles, turcos, libaneses, polacos, rusos, americanos, franceses, suizos, chinos, griegos, argentinos, árabes, italianos y más, siempre encontraron en ti su nueva casa, por eso sus descendientes viven aún aquí a plenitud. Crisol de etnias, mosaico de nacionalidades y culturas, eres Pachuca, por la minería, una ciudad cosmopolita, de ahí tu vocación plural.

Cumbres tus edificios históricos, realizados con señorío y destreza, las iglesias, la basílica de Guadalupe, el convento de san Francisco, el edificio civil de Las Cajas, el hospital de los Juaninos que ahora es la sede principal de la universidad y un importante número de casas antiguas -la casa Rule a la cabeza- que requieren atención y restauración, porque tú eres una linda ciudad con un pasado importante que los urbanistas y arquitectos quieren arreglar para que luzcas señorial y seas visitada y considerada por propios y extraños como una joya del pasado y del presente.

Cumbre tu reloj. Para mí que el reloj no fue construido afuera. Para mí que nació de adentro, mejor dicho que emergió de tus entrañas con su cabeza con ojos a las cuatro orientaciones para revisar, observar, vigilar como periscopio de cantera a toda tu heredad y que está provisto del sonido metálico de sus campanas repiconas para que hables con todos, lo que pasa es que algunos no te entienden. El reloj cada hora dice: tan-tan-tan-tan, que es: a-quí-es-toy; tan-tan-tan-tan: pa-ra-mi-rar, tan-tan-tan-tan: pa-ra-ale-grar; tan-tan-tan-tan: tu-co-ra-zón. Y luego: tan una, dos, tres y hasta doce veces al día nos habla el reloj, bella.

También considero una de tus hazañas el hecho de que en los cuatro siglos en que tu principal actividad fue la minería, se hayan construido en tu subsuelo y el de la comarca que te rodea, más de dos mil kilómetros de túneles subterráneos que sirvieron a la explotación minera. A diversos niveles que alcanzan hasta los 400 metros de profundidad hay todo un entramado de ellos y tú tan campante. Y qué decir de las cantidades de plata y oro que se extrajeron de tu seno que según los expertos llegan a ser más de 40 mil toneladas de plata y 230 mil kilos de oro. Toda una riqueza que se fue, se aprovechó en otros lares y no se vio reflejada en ti bella, que eras la dueña de esos recursos, pero tal es el resultado del colonialismo duro, severo e injusto.

Para el futuro bella, veo esperanza y horizontes promisorios debido principalmente a tus mujeres y a tus hombres, que se organizan, cooperan y tienen conciencia social, a su vocación plural, a sus anhelos de progreso y desarrollo y a que tus jóvenes, cada día más interesados y bien preparados, te forjarán un panorama distinto, mejor y con un criterio de participación y tolerancia. Ojalá airosa, que así sea. Bueno bella, aquí termino, no porque ya no tenga que decirte, que tú bien sabes que te hablo casi a diario, te enamoro, te halago, porque te quiero, porque me gustas, pero esta carta tiene un límite y está bien. Bella airosa, cuna sagrada, pretil de sueños, te amo Pachuca.

6 de marzo de 2010

“Es sábado nuevamente", carta de Sergio Trevethan Cravioto

"Es sábado nuevamente", contribución de Sergio Trevethan Cravioto para el libro Mi Pachuca / 70 Cartas a la Bella Airosa, es un texto intimista que evoca la ciudad de su infancia: las calles, los juegos infantiles, los comercios, los restaurantes y, sobre todo, a la gente.


Es sábado nuevamente

Sergio Trevethan Cravioto



Es sábado nuevamente:

Son las 7 de la mañana, he despertado. De hecho, desde las 5:30 de la mañana no se puede dormir bien en esta casa, porque se escucha el trajín de mi madre, que desde esa hora empieza a barrer su calle, esperar en el zaguán la leche que viene en burro, regar sus plantas, preparar el desayuno, prender el boiler, que tarda mucho porque es de leña; pero en cuanto abro los ojos, vuelvo a recordar. Es sábado... me dejarán salir en bicicleta. Mi bicicleta es nueva, me la regaló el tío Salvador por dos razones: la primera, porque es buen hombre y la segunda, porque las finanzas de mis viejos no están como para andar comprando bicicletas a los hijos; es pequeña, pero yo también, se encuentra en el cuartito de los trebejos en el fondo de la casa, esta ahí yo creo, porque mi madre dice: “¿Y dónde voy a poner tanta mugre?”


Mi casa materna en la calle de Matamoros 403, a una cuadra del centro, justo enfrente de la escuela Manuel Altamirano y en contra esquina de la Escuela Benito Juárez, de don Teodomiro Manzano, fuente de mi educación primaria; al lado el callejón de la cerrada de Victoria, con su piso de tierra, en donde paso deliciosas aventuras, y juego al beis, trompo, balero, yoyo y canicas, con Leo, Mickey, los Noble y Manolo Coria y en ocasiones nos aventuramos a saltar la barda de adobe del fondo para poder caminar por la vereda que se encuentra al borde del lecho del río de Las Avenidas, con nuestra resorteras y tal vez, con buena suerte para nosotros y mala para el infeliz animal, matar alguna inocente primavera.


Limpio mi bicicleta, pruebo mis frenos, mi timbre, coloco mi pancle sobre el pantalón a la altura de mi tobillo y me lanzo a la aventura por mis retorcidas calles. Esta vez no me detengo en el callejón, que éste es del diario y la bicicleta no. Al pasar por la Fotografía Bustamante en la esquina con Mina, la güera-Lupe, prima del fotógrafo don David, ya está también barriendo su acera. Casi en la contraesquina de la fotografía, en el Monte Pío, aun los sábados, ese fino caballero, don Emilio Montaño, que es el gerente y no desaprovecha oportunidad ninguna para darle el paso a las damas, bajándose de la banqueta, descubriendo su cabeza. Unos metros delante, en la escalinata del Casino Español, mi memoria va a la tarde anterior, en la que estuve con mi padre (como era costumbre), acompañándole a jugar su dominó, con Javier Manzano, Juventino Martínez, Jorge Quiroz, don Pedro Gil y José Manuel Díaz, el propietario (el gran Cagancho) y otros mas, mientras Ángel Díaz y yo jugábamos carambola en el billar del propio Casino, para después obligadamente ver en la televisión, en una imagen granulada, gris y borrosa al Santo, Blue-Demon, Cavernario, la Tonina Jackson y tantos más que hacían nuestro deleite.


En mi recorrido, enfrente de La Blanca, en la primera esquina del edificio Reforma, doña Juanita, esposa del señor Roldán, abría su dulcería a las ocho horas, y me deleitaba viendo a Tere, la mayor de las hijas. Al terminar la acera, podía saludar a los Aldana en su tienda en la otra esquina del edificio. A la derecha el restaurante Kikos repleto en los días domingos en su entrada, de jóvenes estudiantes que, como aparador, tapaban el verdadero aparador, que era todo de vidrio. A la izquierda el nuevo cine Reforma que había derrocado ya al viejo Iracheta y al Pineda, pero sólo por ser nuevo.


Cuando me toca en suerte escuchar las campanadas de mi viejo reloj, tengo necesariamente que recordar el poema de Guzmán Mayer: “Las horas del reloj cayeron en rebanada sobre el plato dominguero de Pachuca en serenata”. Y los escritos y descripciones arquitectónicas de Corrales y Ballesteros acerca de la belleza de este edificio. A la derecha la sombrerería Tardán. Me sigo por Zaragoza en donde aparece a mi vista la hermosa y antigua construcción de la casa de la tía Cata, hermana de mi abuelo Pompeyo, justo enfrente de donde vive el doctor Enrique Rojas Corona, para dar vuelta ahí en el mercado que está al fondo, al terminar las casas de los doctores Herráis, Aparicio, Cravioto y la familia Nieto Cañedo justo enfrente de la señora Raquel, esposa de don Pedro Azcacíbar, el de la ya para entonces extinta ferretería de las Palomas.


Regreso al zócalo por la calle de Guerrero, para admirar la plazuela del puerto de Manzanillo, al lado del hermoso cine Iracheta y enfrente, la también hermosa casa de mi abuelo Pompeyo, parecida a la de la tía Cata. Bajo al zócalo nuevamente y al tomar por Doria, la casa Bejos en la esquina, con su impávido y eterno maniquí. Después la casa Iris de don Adolfo Díaz, con la magia de su papelería, lápices y cuadernos de todos los colores y a la que no se tenía acceso económico de manera frecuente. La joyería de Zarco, de gran renombre en la ciudad, la zapatería de Chabelo charlista, español extraordinario y en la cual tan sólo unos cuatro años después acudiríamos por lo menos una vez por año mi amigo Horacio Borbolla y yo a comprarnos zapatos, los de él GBH y los míos Emir, que costaban tres tantos menos y al llegar a Guerrero las deliciosas tortas de don Baldomero a la derecha y a la izquierda la Casa Blanca, peluquería de don Baudilio Teysier. Hace tan sólo 15 días me habían llevado con él y aún retumban en mis oídos y en mi ego la vergüenza, cuando les decía a sus ayudantes: “A este niño casquete corto, algo decente, porque es hijo del licenciado Trevethan”. Todos los demás clientes clavaban su mirada en mí, mientras yo me moría de pena.


Desde esa esquina, en La Brocha, de Valderrama, se iniciaba el caminito de gloria, cuna y hechura de los hombres grandes de Hidalgo. Unos cuantos años después quedarían grabados en mi memoria de manera imperecedera los nombres de los García Izunza, los Devereaux, los Zoebich, los Zapata, los Ramírez Guerrero y tantos más a quienes mi memoria ha traicionado. Este mágico Instituto donde se dejaba de ser niño o niña para convertirse uno en hombre o mujer. Avanzando por Guerrero rumbo a la Luz Roja, enfrente los patios del ferrocarril. Me detengo un poco a mirar los comercios, don Romualdo y Paquita en la casa Tellería, que bien temprano se encontraban en la lucha cotidiana, incluyendo los sábados. Esta zona la recorro rápido porque, para los que no lo saben, por su solo andar en vehículo de motor o a pie, es de bajada, desde Loreto hasta la Villa. De pasada, El Nardo, el Elefante, la Colorada, la frutería de Beatricíta, y después la alcoholera del señor Hernández. En la contra esquina de la Luz Roja, en la planta alta de los portales, admiro la escuela de danza que dirigía el profesor García, atleta, gimnasta y bailarín excepcional. Ahí está la sede de las bellas artes.


Los policías, en su banco de madera en medio de los cruceros de las calles, de silbato y guante, dando las señales de paso a los vehículos y como a los peatones, casi todos me conocen, unos me ven con simpatía que hasta el paso me otorgan, otros con algún desagrado, pero me toleran. Llegando a la Villita, mi recuerdo se va más atrás, cuando apenas la memoria empieza a serle fiel a uno; cuando a mi hermana Olga y a mí nos vestían de inditos, mi madre y su hermano Salvador (este de la bicicleta) para llevarnos a ofrecerle flores a la virgen.


Mi ciudad terminaba en la tenería de la Ten-Pac, de don Everardo Márquez, en esa hermosa casa en donde por aquellas épocas tuve el susto de decirle unas palabras a la esposa del gobernador en turno, en un 10 de mayo, en discurso elaborado por mi padre. Hacia la izquierda de esa casa, no había ya más que lotes baldíos, algunos maizales y mi osadía, que me alentaba a ir más allá, aun sin pavimento, con la nefasta consecuencia de pagar el costo de ella, cuando algún amigo o amiga de mis padres (yo creo que amiga, más bien) tenían a bien señalarles: Vimos a Sergio en la bicicleta y sin cuidado alguno, por el horno de cremación o en la subida a Cubitos.


Es sábado nuevamente:
Me he despertado a la misma hora, no hay ruido, mi recorrido es el habitual, frecuento los mismos lugares, sólo que ahora ya no está mi casa, ya no están las escuelas Altamirano o Benito Juárez de don Teodomiro, ni el casino español, ni Téllez-Girón el sastre, ya no está la güera-Lupe, ni queda tampoco ninguno de los amigos con los que mi padre jugaba dominó, ni Roldan, ni Juanita, ni Tere, ni los Aldana, ya no está el Kikos ni el Reforma. Ni la panadería de la Palanca. No está Baldomero el bisabuelo de Víctor, el de las tortas de hoy, ya no está Baudilio, ni los baños de Guerrero, ni la escuela de danza, ni la escuela Hijas de Allende, ni Angelita, la esposa de don Everardo Márquez, que antaño recorría por las tardes la ciudad en coche en compañía de mi tía Cata y de mi madre.


Y es que hoy tengo 68 años de edad y también tengo una bicicleta, pero ésta salió de muy mala calidad, la primera era una Hércules inglesa y ésta se la compré a Jacinto Benotto y, a pesar de sus avances tecnológicos, siete velocidades, aluminio en vez de hierro, ausencia de salpicaderas, etcétera, etcétera, es, con mucho, muy inferior a la otra, es más lenta y en las subidas es prácticamente un fracaso (ya no las hacen igual). Si bien es cierto que mi actual recorrido está lleno de recuerdos y añoranzas y que en ocasiones se acompaña también de una que otra lágrima, debo decir que lo que más extraño son los regaños de Serafín y de Esperanza cuando sancionaban mi osadía, pero hoy lo entiendo, era sólo amor y preocupación, como la que debe tener mi esposa cuando me ve salir los sábados por la mañana al mover su cabeza y tal vez pensar "Ahí va este viejo necio otra vez en la bicicleta, nada más a exponerse". Es cierto, ya no están las personas y algunos lugares han desaparecido, pero en cambio mi ciudad se ha vuelto muy hermosa.


En el cuartito donde guardaba mi bicicleta, ahora está mi consultorio. Mi callejón está pavimentado y tiene salida al río de Las Avenidas, que se ha convertido en un hermoso y veloz pasaje, que en el transcurso de tan solo siete minutos le lleva a uno desde el centro de la ciudad hasta la zona plateada, con sus flamantes y nuevas tiendas, su gran hotel, su Tecnológico de Monterrey, su enorme y funcional auditorio y su pisal increíblemente hermoso. Esa mole de gigantescos y bellos puentes elevados que rodean todas las entradas y salidas de la ciudad, a la altura de cualquier urbe moderna y que han despejado, al menos temporalmente, la enorme explosión demográfica que padecen hoy, todas las ciudades en el planeta.


El parque Hidalgo sigue siendo bello y aun cuando echo de menos el cerrito de tezontle de mis años infantiles, a cambio ahora hay un exquisito reloj, también con un agradable tañer en su repicar. En la gran fuente de este parque, la estatua de bronce de la mujer tocando la lira, monumento donado a la ciudad de Pachuca por el pueblo español en 1910 con motivo del centenario de nuestra Independencia, sigue adornando el entorno de ese parque, sólo cambió de lugar, antes estaba en el pequeño jardín, frente a mi casa, a un lado de la escuela Altamirano. La lira, de la que hoy adolece la estatua (pero que me consta que la vi), le fue sustraída por algún vándalo, no sé si para ponerla en su jardín o tal vez para pretender tocarla. Y que decir del disfrute de su pérgola central, toda de hierro forjado, con su techo de dos aguas soportado en ocho postes rematados, en la parte alta con sus lámparas de delfines alados, donación al gobierno de Pachuca por la colonia americana en 1920, también con motivo de nuestra independencia de España. Mi recorrido por este parque lo hago saludando a todos los citadinos que se encuentran haciendo su ejercicio en las mañanas, de toda intención; por si algún niño me ve y dentro de 60 años el encargado de la cultura en ese tiempo, le pide una carta a Pachuca y tal vez encuentre material diciendo entre otras muchas cosas, el parque Hidalgo con su constante y sabatino viejito, de cachucha, bigote blanco y bicicleta, saludando cortésmente a todas la personas, y que hoy ya no está más.


Pasear por la zona de San Francisco con su fototeca, su museo, su biblioteca y sus jardines, visitar el CEUNI, y el parque Pasteur enfrente de mi antigua escuela de medicina, es delicia que consuela la ausencia del antaño. Mi antiguo ICLA se ha convertido en una pujante universidad de reconocido prestigio, pero conservan el antiguo edificio de manera impecable. El actual campus universitario es motivo de orgullo para todos, los universitarios y los que no lo son. Pachuca es bello tanto como lo fue en mi tiempo y estoy convencido que hoy lo es más. Avanza y progresa porque así debe ser la vida. Quien se queda sólo en el pasado, viviendo exclusivamente de añoranzas y de quejas del mundo actual, lleva el serio riesgo de que se le pudra el alma, junto con sus añoranzas.


Dicen algunos viejos suspirando: “Ya nada es como antes”. Respondería yo, "¿y que esperaban?, hoy no es el antes, el hoy es el hoy y hay que aprender a seguirlo o incluso a tratar de adelantarlo, para procurar mejorarlo". La vida, como decía el maestro Chávez, la vida es misión, se viene a ella a enderezar lo que está mal o a mejorar lo que está bien. La vida nunca es expiación. El hombre que reniega del futuro es tan pobre en su espíritu, como el que reniega de o ignora su pasado. Termino mi reflexión, citando algunas palabras de Beltrán Russell: "Ni todos los aciertos son modernos, ni todas las tonterías son antiguas, todo es cosa de que los hombres de todos los tiempos aprendan a reconocer los valores que son, han sido y muy probablemente seguirán siendo, comunes a todas las generaciones". En hora buena tierra mía.

Pachuca de Soto, a 10 de mayo 2009.

5 de marzo de 2010

“Pachuca, estampas del siglo XX", carta de Adalberto Cravioto

En sus últimos meses de vida, Adalberto Cravioto Meneses (1913-2010) dedicó muchas horas a escribir un texto para el libro Mi Pachuca / 70 Cartas a la Bella Airosa, donde evoca dos momentos de la ciudad y de su propia historia: su niñez a principios del siglo XX y la ciudad de 64,000 habitantes en que Pachuca se había convertido hacia 1964. Más que un texto narrativo se trata, como su nombre lo indica, de las estampas o imágenes que prevalecían en su mente a los 97 años de edad. No alcanzó a ver el libro, pues éste se publicó un mes después de su fallecimiento.


Pachuca, estampas del siglo XX

Adalberto Cravioto Meneses


Pachuca la bella airosa
gentil de mi corazón
tú guardas en tus entrañas
tesoros de gran valor
dando al México hermoso
mucha plata y esplendor


Hoy, a principios del siglo XXI, con recuerdos que a mi alma llegan, te saludo Pachuca con esta canción, que en los albores del siglo XX llevara el profesor de música Herrera Moro a la casa de mis abuelos, una vecindad en Arista 17, que ya no existe. Allí había un piano que el maestro nos enseñaba a tocar (a la tía Concha, hermana de mi padre el coronel Alberto Cravioto Galindo, a mi hermana Rafaela y a mí), al tiempo que nos preparaba para hacer una representación teatral de La Tempestad.

En 1921 mi padre era diputado local y, junto con Javier Rojo Gómez y otros legisladores, llegaban a nuestra casa para hacer la tertulia, bebiendo cerveza XX y coñac Martell, y cantando Soy un golfo, Flor de té, El adiós del soldado, O Sole Mío… Eran los años veinte y yo tendría entonces ocho o nueve años de edad.

¡Cómo recuerdo que con unos carpinteros que tenían su negocio en la misma calle de Arista conocí el radio de galena, a través del cual disfrutaba la transmisión de las peleas de Jack Dempsey, campeón mundial de box, y de algunos partidos de béisbol! Con igual intensidad recuerdo las funciones del circo de Francisco Beas (un empresario inglés que por deseo expreso está sepultado en Real del Monte), que se instalaba en los terrenos que ahora ocupan tu Palacio de Gobierno, tu Cámara de Diputados y la estatua de Benito Juárez, y que entonces eran patios de tu estación del ferrocarril México-Pachuca. Como vivíamos justamente enfrente, en Belisario Domínguez No. 5, en esos mismos patios acostumbraba jugar con mis hermanos y compañeros de escuela, entre los que se encontraba Jesús Martín del Campo, hijo del jefe de la estación.

En esos años de mi infancia no tenías agua potable ni luz eléctrica, pero sí tu reloj de maquinaria big ben, importado de Londres, que con sus cuatro carátulas miraba a los cuatro puntos cardinales. Reloj que daba y sigue dando las horas, las medias y los cuartos con sonoras campanadas, al ritmo de las cuales nosotros, estudiantillos, coreábamos: “Pobre doctor, ya se murió. Siendo doctor, no se curó”. Reloj que te identifica como la Torre Eiffel identifica a Paris, alrededor del cual las familias se reunían para escuchar las serenatas que ofrecía la banda del Estado todos los jueves y domingos.

En medio de esta paz provinciana a veces había sobresaltos. Recordarás aquella balacera que en 1924 causó conmoción en el barrio de San Francisco, cuando los rebeldes de Marcial Cavazos, que apoyaban la candidatura presidencial de don Adolfo de la Huerta, dinamitaron la iglesia. Por suerte, los hombres del general Antonio Azuara (hermano del gobernador), atrincherados en las torres de la propia iglesia de San Francisco, lograron salvarla. Yo nunca la he olvidado porque en cuanto las balas cesaron, mi hermano el güero y yo, enviados por nuestros padres, cruzamos agazapados el jardín de San Francisco, entre la gran cantidad de cadáveres que habían quedado del lado de los rebeldes, para ir a ver cómo estaban nuestras tres tías, hermanas de nuestra madre, que vivían a escasa distancia de la iglesia. Logramos cumplir con el encargo y, afortunadamente, ni a las tías ni a nosotros nos alcanzaron las balas.

Como muchos otros niños del Estado, yo vine de Zempoala a estudiar en tus escuelas. Primero en la escuela Melchor Ocampo del profesor Francisco Noble, un revolucionario maderista, ubicada en la calle de Hidalgo, y más tarde en la escuela particular Benito Juárez, del profesor Teodomiro Manzano Campero, ubicada en tu calle Matamoros. Enfrente de ésta vivían Esperanza Cravioto Plata y su hermano Salvador, con quienes platicaba a través de su reja ventana al salir de clases.

El profesor Manzano, autor del Atlas geográfico del estado Hidalgo, y de muchas obras más, tuvo como colaboradoras a sus hijas, Aurora y Lucha, a la profesora Otilia y a dos varones cuyos nombres no recuerdo. Con gran conocimiento y la pedagogía de la época (que por supuesto incluía reglazos en las asentaderas), el profesor y su equipo fueron los mentores de muchos de tus hijos.

En esos años recorría tus calles el tren eléctrico con cable. Un vagoncito de 10 o 12 lugares que salía de Loreto, continuaba por tu calle de Guerrero, llegaba a tu plaza de las estaciones de los ferrocarriles central y mexicano, regresaba por la Juárez, Xicoténcatl, a San Francisco, y entrando a la Avenida Hidalgo volvía a su origen.

Había pocos autos, la mayoría fordcitos de pedales, pero en mi casa teníamos un Overland. Recuerdo tus calles, al Noreste, a la altura de la gasolinera había una pensión de automóviles por las calles de Xicoténcatl y Matamoros, donde habitaban familiares del ingeniero García Bravo y del gobernador Amado Azuara. Al final de la calle se llegaba al manantial donde se vendían aguas frescas y los siempre recordados auténticos pastes de 10 centavos, que los funcionarios mineros ingleses llevaron a tus minas. Frente al manantial estaba la botica del señor Homero Rubio, hermano del doctor Horacio Rubio, miembros de familias muy estimadas de esas época. Siguiendo por la calle de Allende se llegaba a tu Plaza de la Constitución, pasando por el Hotel de los Baños, su cantina frecuentada por los políticos de la época, el Teatro Bartolomé de Medina, y más adelante el café Asia de don Fernando Chon.

En los tanques de agua de San Juan Pachuca aprendí a nadar, y en las mismas aguas que los mineros utilizaban en tus minas para no sé que trabajos continué practicando este deporte durante mis años de estudiante. En 1926, ya un joven adolescente, ingresé al Instituto Científico y Literario, uno de tus mayores orgullos, para realizar el Bachillerato de Ciencias Médicas. Quién no recuerda a esa pléyade de catedráticos de la talla del licenciado César Becerra Archer que nos enseñaba a conocer el mundo, es decir la Geografía; al maestro de Zoología y Botánica, Ricardo García Isunza; a los ingenieros mineros Miramontes y Villaseñor, que daban Matemáticas, así como a Agustín Torres Cravioto, con su cátedra de Lógica. Junto a ellos también recuerdo al profesor Torielo, quien en lugar de enseñarnos gimnasia nos hacía acarrear materiales de construcción para tu Escuela de Artes y oficios de Pachuca.

Famosos fueron los festejos del Día del Estudiante que se organizaban en el Instituto cada año y, finalmente, la entrega de las constancias de terminación que el gobernador del Estado entregaba personalmente en tu teatro Bartolomé de Medina, con solemnidad y orgullo. 

Después de haber obtenido mi constancia de bachiller, deambulé por tus calles durante seis meses. Por haber peleado con el secretario de Gobierno había perdido la oportunidad de obtener una pensión para continuar estudiando. En un día caluroso entré a la Casa de Gobierno, más para descansar y aliviar el calor que para cualquier otro propósito, pero ya estando allí me anoté para ver al gobernador Bartolomé Vargas Lugo, quien para mi sorpresa me recibió. “Vengo a hablar con usted porque terminé la preparatoria y me quiero ir a México a estudiar Medicina. Mi familia está escasa de recursos. A mi padre el coronel le acabaron el rancho y está amenazado por la política. O me ayudan o me voy a la mina a trabajar de barretero”, le dije. Treinta pesos mensuales de pensión me otorgó el gobernador. Con los primeros 30 pesos y otros 75 que me dieron mis tías, partí a la capital a estudiar Medicina en la Escuela de la Universidad Nacional Autónoma de México, entonces ubicada en la Plaza de Santo Domingo.

Como ya contabas con una carretera que te comunicara con el Distrito Federal, en 1932 me alejé de ti en autobús de la Flecha Roja. Durante más de treinta años anduve por diferentes sitios, pero en 1964 regresé para tener el honor de servirte como presidente municipal.

¡Habías crecido tanto en esos años en que estuve lejos! Ahora, a tus puertas dabas la bienvenida con un enorme señalamiento que informaba: “Pachuca, 64,000 habitantes”. Por supuesto que ya tenías agua potable, no como en los tiempos de mi infancia cuando te abastecías de la presa de La Estanzuela y de algunas cuantas vías de agua de mina y, como consecuencia, la tifoidea y la disentería eran prácticamente endémicas.

Aunque también tenías iluminación, ésta aún no estaba a la altura de tus necesidades. Fue por eso que uno de los proyectos que emprendí fue cambiar tus lámparas de focos por la entonces moderna luz mercurial. Recuerdo la emotiva inauguración de tu nuevo sistema de alumbrado. Fue en tu Avenida Juárez, a la hora del crepúsculo, cuando el gobernador Carlos Ramírez Guerrero levantó el switch. Las lámparas se fueron encendiendo poco a poquito hasta llegar a su esplendor.

Otro hecho que recuerdo con gran emoción fue la rehabilitación de una calle que, a pesar de ser céntrica, era insalubre y constituía un foco de infección. Seguro tú también la recuerdas, estaba ubicada al sur de tu mercado de Barreteros, perpendicular a tu calle de Guerrero. Como el municipio no tenía recursos para arreglarla, busqué a don Manuel Espinosa Iglesias, quien tenía un patronato para obras sociales. Le presenté el proyecto de rehabilitación y él me ofreció una tonelada de cemento. Recuerdo que cerré mi carpeta y dije: “Muchas gracias, pero con eso no me alcanza". Seguramente eso llamó la atención de don Manuel, pues poco después envió a al director del patronato, acompañado por otra persona, a verificar el estado de la calle y determinar lo que se necesitaba para arreglarla. Finalmente, la fundación aportó los materiales y el municipio, la mano de obra. Bautizamos la calle con el nombre "Genaro Guzmán Mayer", como un homenaje a ese poeta hidalguense.

En esa época también elaboramos el primer plano regulador de la ciudad (a cargo del ingeniero Valadez) y realizamos obras de drenaje y pavimentación en tu barrio El Arbolito. No fue sencillo, hubo que realizar muchas reuniones con tus hijos que habitaban en esa zona, pero al final las obras se realizaron con tanto éxito que los habitantes del barrio me otorgaron un diploma, que aún conservo.

Porque la muerte es parte de la vida, también realizamos obras en tu panteón de San Bartolo, el cual fue originalmente construido por un sobrino de Porfirio Díaz. El panteón tenía un gran depósito y un subsistema de acumulación de agua, ambos abandonados y en desuso. Conseguí maquinaria para desazolvar y, con el apoyo del ejército, logramos que tus hijos dispusieran de agua para mantener en buen estado las tumbas de sus muertos. Un día pensé, “¿por qué si en tantas ciudades existe una rotonda de los hombres ilustres en Pachuca no?”. Y me di a la tarea de construirla. La dejé terminada, aunque los homenajeados irían llegando poco a poco en las siguientes administraciones. El primero de tus hijos que encontró eterno reposo en la rotonda de los hidalguenses ilustres fue el general Felipe Ángeles, aún durante la gestión del gobernador Ramírez Guerrero.

Pachuca de Soto, en tu 140 Aniversario como capital del Estado de Hidalgo, recibe en esta carta el saludo y agradecimiento de un hidalguense que nació en la calle de Hidalgo, el 19 de enero de 1913, y a quien su padre, militar de carrera y militante del maderismo, presentó ante el Registro Civil, del que fue director don Domingo de G. Ramírez, el 24 de febrero de 1916, tras su liberación de la cárcel de Santiago Tlatelolco, en México, D.F., donde estuvo preso a raíz del cuartelazo de Victoriano Huerta.