![]() |
| Reunión familiar en Cañada de Alférez, 18 de octubre de 2025. |
Nada y todo.
Nada, porque ninguno de quienes estuvieron en aquella reunión está hoy con nosotros. Todo, porque el espíritu de convivencia familiar es el mismo.
La familia Cravioto ha mantenido, generación tras generación, una tradición de unidad de grupo alrededor del apellido. Unidad que, aunque no siempre es comprendida por las generaciones más jóvenes, continúa viva en estas celebraciones que giran alrededor de una comida compartida, donde cada grupo lleva sus propios alimentos. Eso es la itacatada.
La palabra itacate proviene del náhuatl itacatl, que designa el morral o bolsa en donde se llevan alimentos para una jornada de trabajo, muy común en el campo. Es la provisión que llevan los campesinos a sus duras jornadas de siembra. De ahí el uso actual para referirse al envoltorio o canasta donde se llevan provisiones.
Por ello, hoy, la itacatada es una reunión en la que varias personas o grupos llevan alimentos para consumir y, en la mayoría de los casos, compartir. Sirva esta primera explicación para aclarar por qué en las itacatadas de la familia Cravioto no es un proveedor el que da el servicio de alimentos. Esto, que tal vez facilitaría la logística, iría en contra del sentido mismo de la tradición.
Así pues, las familias Cravioto hemos llevado y seguiremos llevando nuestros propios alimentos cada vez que nos reunamos en nuestra ya tradicional itacatada.
¿Cuántas reuniones habrá habido en estos 80 o más años? Me parece que no existe un registro puntual, pero conocemos que han sido múltiples y en distintas locaciones: Tula, Hidalgo; Las Ventanas del Mineral del Chico, en Hidalgo; la Hacienda Pintoraco, en Texcoco, Estado de México, y en un terreno en Cuajimalpa, D.F., entre muchas más.
La intención de esta pequeña crónica de la más reciente itacatada es mantener en la historia escrita los eventos de nuestra familia.
La segunda itacatada de este siglo se celebró el 18 de octubre de 2025. El sitio en donde se llevó a cabo es el mismo de la primera de este periodo, realizada en 2023: Cañada de Alférez, Municipio de Lerma, Estado de México, en la casa de Javier Cravioto Padilla y su esposa Verónica González de Cravioto.
Este, y cada uno de los eventos, es posible porque un grupo de familiares Cravioto, que formamos una especie de Comité de Continuidad familiar, hacemos llamadas, organizamos desayunos y vamos definiendo y tomando decisiones; en muchas ocasiones nos acompañan otros miembros de la familia que aportan sugerencias, trabajo y que nos amplían la visión del qué hacer.
A la reunión del 18 de octubre llegaron alrededor de 80 personas. Jorge Cravioto Galindo se encargó de llevar el registro y de ir recibiendo las aportaciones de los asistentes. El número de 80 se cerró precisamente una semana antes. Por decir nombres de quienes fuimos inscribiendo a nuestras familias, la primera de ellas fue Mireya Espíndola Cravioto y después siguieron, entre otros más, Jorge Cravioto Galindo, Tania Casa Madrid, Norma Cravioto, Andrés Ornelas Cravioto, Susana Ibarra Cravioto, Javier Cravioto Padilla, Itzel García Cravioto, Lorenzo Cravioto Ortiz, Alejandro Urquieta Cravioto, Martha Alicia Cravioto, Rosalba Pérez Cravioto, José Antonio Domínguez, Yocine Anduaga, Orlando Cravioto, Román Ramírez Cravioto, José Luis Cravioto, Ricardo Cravioto y Arminda Ortega Cravioto.
Como es tradición, la cantidad de comida que llevó cada grupo superó con creces lo que iba a consumir. Por ello, el intercambio de viandas entre mesas fue constante y, así, comimos tamales, barbacoa, carnitas, tortas, pastas, pollo, carne asada y ensaladas, entre otros muchos platillos. Después vino un buen surtido de postres deliciosos y, a lo largo de toda la comida, cerveza y tequila a disposición de todos.
Por ahí, entre saludos, pláticas, historias y recordaciones de los que ya no están, transcurrió la tarde, donde pudimos, una vez más, entendernos en lo que nos une: una historia de familia, diversa en actividad y pensamientos, pero sostenida por un espíritu mayor, el de nuestros ancestros.
En lo personal, me dio mucho gusto conversar con las y los Anduaga, esa parte importantísima de la familia que desciende de Josefa Cravioto Pacheco de Anduaga, única hija mujer de Simone Craviotto y Luz Pacheco, y hermana de Rafael, Agustín, Francisco y Simón. A la descendencia de Josefa Cravioto, por cierto, sigue perteneciendo la casa del balcón corrido de Huauchinango.
Fue idea de Alejandro Urquieta Cravioto mandar hacer el óleo de un gran árbol, cuyas hojas se forman con las huellas digitales de quienes quisieron dejarlas en el tronco. Este cuadro permanecerá para que, en futuras reuniones, quienes aún no hayan puesto su “hoja” puedan hacerlo y el árbol familiar continúe creciendo.
Hasta la próxima itacatada querida familia.
Javier Cravioto Padilla.
Cañada de Alférez, Lerma, Estado de México.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario